Los diputados opositores han tenido la pésima idea de recurrir a la interpelación pública en el Congreso al canciller por su gestión de la política exterior. No basta con que la interpelación sea legítima por estar contemplada en la Constitución para fiscalizar en sesiones públicas a los ministros. El problema es el peligro para el interés y la seguridad nacional, lo que puede ocurrir tratándose de las relaciones internacionales en medio de la polarización existente.
El mayor promotor de la “diplomacia a la luz del día”, el Presidente Wilson, terminó renegándola por los riesgos que acarrea el debate público en el Congreso para las negociaciones y conflictos internacionales en curso. Son los gobiernos extranjeros, las contrapartes, los que se benefician de conocer anticipadamente estrategias, información confidencial, divisiones internas y debilidades nacionales que puedan surgir de las interpelaciones parlamentarias.
La reserva y el sigilo son importantes en la diplomacia. Así lo habían entendido durante más de dos décadas los diputados que, habiendo practicado 33 interpelaciones a ministros de Estado, nunca lo habían intentado respecto del ministro de Relaciones Exteriores, no obstante encontradas posiciones sobre materias importantes, como tratados de libre comercio y en la gestión de las relaciones con algunos gobiernos extranjeros.
Además, el emplazamiento parlamentario introducirá posiciones partidistas y divisiones en la política exterior, reviviendo el complejo legado heredado por el actual gobierno, que requirió normalizar las prioritarias y deterioradas relaciones vecinales con los gobiernos de Perú y Argentina por desencuentros ideológicos entre sus mandatarios, y forzó a recomponer las relaciones con el gobierno de Estados Unidos, primera potencia del mundo, tensionadas por ásperasy reiteradas críticas del Presidente Boric al Presidente Trump.
Habrá también que considerar las dificultades por el sin precedentes incierto y caótico panorama mundial, con escasas reglas, con al menos dos guerras en curso de alto impacto geopolítico y económico, del cual prácticamente ningún país se encuentra libre de repercusiones adversas y, finalmente, por las implicancias de las pugnas y tensiones entre las grandes potencias.
La prudencia aconseja recurrir a otros mecanismos distintos de las interpelaciones para que los parlamentarios se informen y discrepen de la gestión diplomática. Están disponibles las citaciones al canciller a sesiones reservadas de las comisiones de Relaciones Exteriores, a las cuales pueden asistir todos los diputados, y el permanente intercambio de informaciones y opiniones entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Congreso.
La opinión pública seguirá con atención la interpelación y tendrá la oportunidad de apreciar la prudencia y responsabilidad con la que se desempeñen los diputados.