Señor Director:
Hace pocos meses se aprobó la Ley de Reconstrucción Nacional, con medidas para impulsar el crecimiento, discutidas por más de una década por grupos técnicos y políticos transversales. La semana pasada se presentó una agenda para profundizar el mercado de capitales, nuevamente con reformas largamente esperadas.
Hoy, sin embargo, la crítica es que el equipo económico habría descuidado el corto plazo, especialmente frente a un desempleo de 9,5%. La preocupación es evidente.
La guerra en Medio Oriente, la menor producción de cobre y los factores climáticos han debilitado la actividad. Pero la fragilidad del mercado laboral no es nueva y responde también a problemas más profundos que acumulamos durante años.
Corregirlos no es gratis, aunque a veces parecemos olvidarlo. Frente a la desaceleración, más gasto; frente a los costos del ajuste, más deuda.
Si existe convicción de que el camino trazado por las reformas es el correcto, la pregunta es qué costos de corto plazo están dispuestos a asumir el Gobierno y los parlamentarios.
El presupuesto 2027 puede crecer más de 1,0% sin comprometer la meta de balance estructural. Hay algo de espacio para que la política fiscal contribuya frente a la desaceleración. Pero esta vez será un actor de reparto, no quien vuelva a pagar toda la cuenta.
Matías Acevedo F.
Académico, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes