Señor Director:
Un destacado científico que trabajaba para una de las grandes y lucrativas corporaciones privadas de IA acaba de notificar al mundo que esta tecnología podría llegar a constituir un peligro para la humanidad, algo que sabemos hace ya varias décadas.
En su momento, lo mismo pasó con la energía atómica que hoy ilumina a algunas grandes ciudades del mundo e impulsa el uso y la aplicación de maquinaria hace largos años utilizada en exámenes y diagnósticos médicos. Por lo mismo, conviene revisar la historia de la IA, no para negar las amenazas de esta, sino todo lo contrario.
Tanto eufóricos como apocalípticos en materia de IA podrían estar exagerando, por lado y lado, si bien más movidos por intereses corporativos y de dominio geopolítico que por hallazgos científicos y aplicaciones tecnológicas que tanto ayudan como amenazan al mundo.
Sócrates, a fin de estimular a los jóvenes al conocimiento, recordaba que muchas veces no sabemos lo que creemos saber, o que sabemos menos de lo que creemos saber, o que, sabiendo algo, no disponemos del lenguaje apropiado para transmitir y debatir acerca del saber.
¿En cuál de esas tres situaciones de carencia estamos la mayoría de las personas en temas de IA? Apostaría que claramente en la primera de ellas.
Agustín Squella