Señor Director:
En PISA 2025, Chile cayó 12 puntos en lectura y quedó 25 bajo el promedio OCDE. El dato inquieta por algo más que la cifra. Cuando la lectura retrocede, suelen resentirse también otros aprendizajes, como matemática y ciencias. No es que leer lo explique todo, pero es la base para comprender una instrucción, interpretar un problema, conectar información y evaluar evidencia.
Por eso vale la pena mirar más atrás. Singapur, Japón, Corea, Estonia y Reino Unido se ubicaron entre los 10 mejores sistemas en las tres áreas. Cuando los estudiantes que rindieron PISA 2025 tenían entre 1 y 6 años, esos países no seguían un mismo modelo de educación parvularia, pero sí compartían una arquitectura reconocible, basada en una alta participación en educación inicial, currículos claros, educadores bien preparados y una transición articulada hacia la primaria.
En 2012, la matrícula de niñas y niños de 3 años de edad iba del 78% en Japón al 93% en Reino Unido. En Chile alcanzaba solo el 45%. Estos datos no prueban que la educación parvularia explique por sí sola los resultados de PISA. Sí muestran que las capacidades lectoras comienzan a desarrollarse mucho antes de primero básico.
La respuesta no es adelantar el silabario ni escolarizar la educación inicial. La clave está en fortalecer la educación parvularia para que niñas y niños conversen, escuchen historias, amplíen su vocabulario y jueguen con sonidos y palabras. Si queremos mejorar la lectura, debemos comenzar donde se construyen sus bases.
María de la Luz González
Directora ejecutiva
Fundación Educacional Oportunidad