Señor Director:
Estamos todavía lejos del día en que la inteligencia artificial llegue a dominarnos. Sin embargo, resulta significativo que los líderes de OpenAI y Anthropic adviertan sobre los riesgos de sistemas cada vez más capaces cognitivamente y la necesidad de establecer mecanismos de seguridad y control.
Detrás de esta preocupación existen también factores económicos y geopolíticos: quién controla los modelos más avanzados, la capacidad computacional y, finalmente, quién obtiene la ventaja estratégica en el hardware y software de la IA.
Hice un experimento sencillo. Le pedí a una IA que se comportara como un perro y respondiera únicamente como tal.
Le dije: “Hola”. Respondió: “Guau, guau”.
Le pregunté: “¿Quién eres?”. Nuevamente: “Guau, guau”.
Cambié las preguntas y continuó ladrando. Solo salió de esa condición cuando utilicé la palabra “stop”, previamente convenida.
Una tecnología extraordinariamente sofisticada había quedado atrapada, por instrucción humana, en algo tan elemental como ladrar.
Esto no elimina los riesgos de la IA, pero plantea una cuestión diferente. Quizás el problema inmediato no sea que la IA deje de obedecernos y nos domine, sino qué le estamos ordenando hacer los humanos, quién entrega esas órdenes y con qué propósito.
Después de todo, por ahora, la IA también ladra... y se puede domesticar.
Sergio E. Quijada
Profesor Universidad de los Andes