Las encuestas recientes muestran que el Primer Ministro y su partido, el Likud, están en aprietos para retener el gobierno, marcando el nivel más bajo de su historia. Apenas 19 escaños les atribuye el último sondeo del diario Maariv, mientras otros más generosos proyectan hasta 21 diputados. Sin embargo, el dato importante es el apoyo a toda la coalición formada con partidos religiosos y de ultraderecha nacionalista, los cuales mantienen su base electoral. Es el partido de Netanyahu el que más respaldo ha perdido, por los cuestionamientos que recibe el gobierno desde los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, en los que murieron 1.200 israelíes y que provocaron la represalia contra Gaza, en la que han muerto más de 73 mil palestinos. Pero hay tensiones en la coalición por la conscripción militar, de la que están eximidos los jóvenes ultraortodoxos, política resentida por el resto de la población, obligada a ir a las guerras. Netanyahu está en la disyuntiva de eliminar esa exención y perder a sus aliados, o mantenerla, con lo que reduce el apoyo del electorado general.
Hay optimismo en la oposición porque el bloque “anti Bibi” aventaja, aunque por estrecho margen, al oficialismo. Si bien hay diferencias sustanciales entre los partidos —culturales, religiosas e ideológicas—, ven la posibilidad de formar un gobierno que desbanque al Likud. La figura más destacada es el general (r) Gaid Eisenkot, exjefe del estado mayor de las fuerzas de defensa, que tuvo destacada carrera y es un duro en términos militares, pero con un perfil político de centro. Eisenkot fue parte del gabinete de guerra formado inmediatamente después de la matanza de 2023, pero se retiró a los pocos meses por divergencias sobre la estrategia contra Hamas, abogando por priorizar la liberación de los 251 rehenes capturados en ese ataque. Formó un nuevo partido, Yashar, que lidera las encuestas con una intención de voto que le aseguraría 25 escaños.
En la oposición están también dos ex primeros ministros que quieren volver al cargo, Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes juntaron fuerzas en un partido que podría reunir entre 12 y 13 escaños, según los sondeos. Es probable que en una negociación posterior a los comicios lleguen a acuerdo con Eisenkot, pero aún necesitarían otros parlamentarios para lograr la mayoría absoluta. Y ahí radica un problema que enfrentarán en un sistema político tan fragmentado. Es probable que de los 38 partidos inscritos, solo 13 logren representación parlamentaria, y aún así será difícil conseguir un pacto. El escollo más complicado será ponerse de acuerdo en si aceptarán o no recibir votos de legisladores árabes, que serían entre 11 y 14. Como no hay compromiso público de los opositores para formar un gobierno tras las elecciones y bien podría haber un empate con el oficialismo, el panorama es incierto. Formar el nuevo gabinete puede demorar hasta meses, con Netanyahu al mando de un gobierno interino.
Revelaciones graves e incómodas
Por estos días, el premier enfrenta las repercusiones de graves e incómodas revelaciones de la prensa israelí sobre la masacre de 2023. Según una investigación del diario Haaretz, el Presidente de los Emiratos Árabes Unidos habría telefoneado a Netanyahu días antes de los ataques, para informarle que, según sus antecedentes, el entonces líder de Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, estaba planeando una gran operación terrorista contra Israel. Le habría advertido que el ataque podría no solo ser sangriento sino desestabilizante para el Medio Oriente. Netanyahu habría respondido que estaba preparado para cualquier escenario. El diario asegura que el premier no informó ni al Shin Bet, la seguridad interna, ni al Mossad, ni al jefe de las fuerzas de defensa.
El gobierno niega terminantemente el informe, acusando un “complot siniestro” y una “fabricación maliciosa” para “interferir” en las elecciones. La amenaza de una demanda por injurias fue considerada por el diario como un intento de “silenciar la crítica periodística”. Los EAU no confirmaron ni desmintieron el reporte, señalando que toda la “inteligencia relevante había sido y seguía siendo compartida con las entidades relevantes” de Israel.
Por supuesto, el caso se ha convertido en tema de campaña, con los líderes opositores acusando al Primer Ministro de no estar capacitado para el cargo. Las próximas encuestas reflejarán el efecto en la popularidad del premier y de su partido.
Sanciones de Gran Bretaña
El mismo día que el Haaretz irrumpió con su investigación, el gobierno británico del laborista Andy Burnham anunció sanciones contra los asentamientos israelíes de Cisjordania. La prohibición de importar bienes procedentes de esas colonias ilegales también afecta a empresas o individuos que les ofrezcan servicios.
Si bien el castigo de Londres no se aplica al gobierno israelí, la medida ha sido justificada señalando que dicho gobierno ha cerrado los ojos ante una “limpieza étnica” ejecutada por los asentados. Esta es una dura acusación que, además, está secundada por otros gobiernos occidentales, como los de Francia y Canadá. Israel ha construido 160 colonias en territorio palestino, con 700 mil israelíes instalados en ellas, y comenzó un nuevo proyecto de 1.200 casas en Jerusalén Este.