Señor Director:
Mi hija cursa Ingeniería Comercial en una universidad ubicada en la zona oriente de Santiago y este año culminará sus estudios, obteniendo su grado de Licenciada en Ciencias de la Administración.
Hace algunos días recibió una comunicación de su universidad informándole que la ceremonia de licenciatura se realizará el próximo 26 de octubre. Hasta ahí, todo normal. Lo sorprendente aparece en el párrafo siguiente: para participar de la ceremonia y obtener el diploma debe pagar $112.310.
Cabe preguntarse en qué momento una ceremonia de graduación pasó de ser parte de la culminación natural de un proceso universitario a convertirse en un servicio adicional por el cual el estudiante debe pagar.
No se trata de cuestionar los costos administrativos que razonablemente pueda implicar la emisión de un certificado o diploma. Lo que resulta difícil de comprender es que se cobre por participar en la ceremonia que celebra precisamente la conclusión de los estudios y el cumplimiento de los requisitos académicos.
Durante años, las familias pagamos matrículas y aranceles bastante elevados (cobrados en UF) para que nuestros hijos puedan estudiar. Al finalizar ese proceso, parece razonable esperar que la universidad no transforme la ceremonia que marca ese momento en una nueva instancia de cobro. La licenciatura no debiera ser entendida como un evento comercial, sino como parte de la propia vida universitaria.
Tal vez sea tiempo de preguntarse hasta dónde puede llegar la lógica de los cobros asociados a la educación superior. Porque cuando incluso el acto simbólico de cerrar una etapa académica se presenta como un ítem tarifario, algo parece haberse desvirtuado.
Claudia Vega Sepúlveda