El calendario se adelanta en Santiago de Chile. La luz, los colores, la temperatura son ya de primavera, la estación del año en que nuestra historia registra varios de los principales acontecimientos políticos. Conmemoramos en estos días uno de ellos: el cuarto aniversario del arrollador rechazo a la propuesta constitucional de 2022.
Son varias las implicancias de ese momento, que debería preservarse con especial cuidado. El principal: un portazo transversal social, política y geográficamente a la desmesura; y el resguardo a lo conseguido por décadas, dejando en un doloroso paréntesis a octubre de 2019.
Le sigue el corajudo paso que dieron tantos hombres y mujeres, cruzando una frontera inamovible durante medio siglo, para compartir horizonte con quienes eran hasta entonces adversarios. La derrota cultural de la izquierda, dueña y señora eterna del relato para explicar los problemas de Chile. La opacidad de la centroizquierda, incapaz de detener una carga que sigue pesándole.
Para muchos faltó un momento que representara hoy al 62% de ese amplio Rechazo. Una declaración pública o una fotografía. Algo, por fugaz que pareciera, para reafirmar, con el sentido de la unidad que trasciende a lo electoral, aquello que expresaron las urnas hace cuatro años: el sentido común, el aprecio por la estabilidad, la defensa de la libertad.
Tuvimos, en cambio, al Foro Madrid, que sus organizadores y anfitriones decidieron estratégicamente celebrar en Chile, el día antes de ese aniversario. Un espacio de legítima reflexión política, con una retórica y estética ciertamente particulares, pero que representa a una porción de quienes protagonizaron la épica del 2022, y que, por la omisión de otros gestos más amplios, se apropió de un día significativo para la gran mayoría de chilenos.
Merece una mención especial, si del Foro Madrid se trata, el contraste entre el discurso del mandatario argentino, Javier Milei, y el del Presidente José Antonio Kast. El primero decepcionando a quienes esperaban un toque de excentricidad y se encontraron con la grosería (para no hablar de las imprecisiones que se permitió al referirse a nuestra historia). El segundo, reivindicando su visión de sociedad, pero sin perder de vista, en ninguna de sus palabras, que es el mandatario de todos los chilenos y que su tarea es mejorar la vida de todos y no solo la de sus militantes.
La joya imbatible de estos días fue el foro “Democracia siempre”, la pretensión opositora de robarle cámara al evento derechista.
La fotografía del presidente del Partido Comunista y dos compañeras exministras en la convocatoria para “la defensa de la democracia, las instituciones, los derechos humanos”, demuestra el carácter de esa izquierda y la flexibilidad histórica que ha cultivado para utilizar el lenguaje.
Hay también un descalce entre la realidad y la pretensión en el resto de la oposición, reflexionando sobre “democracia siempre”, pero disponible hace cuatro años para defender una Constitución que la relativizaba, debilitaba las instituciones y quebraba la igualdad ante la ley.
Vamos a tener Apruebo/Rechazo por un largo tiempo, como punto de referencia electoral y en el que están contenidas dos visiones irreconciliables de sociedad. Todas las posiciones, las económicas, sociales, culturales siguen, con más o menos elocuencia, fundadas en esa propuesta.
La izquierda, la radical por de pronto, tarde o temprano volverá a levantar la consigna de Nueva Constitución, porque en ella hay más que una demanda por cambios meramente institucionales. Alguien debe, entonces, cuidar la memoria y la energía vital de ese estelar 62%. Para que no quede solo en una pasajera primavera.