Señor Director:
Calificar públicamente a quienes piensan distinto como “mugrosos”, como lo hizo Javier Milei, no es un exceso retórico ni una humorada excéntrica: es un acto grosero, irresponsable, y profundamente vulgar. Tratar de esa forma al adversario político jamás será correcto, menos aún en suelo extranjero y en medio de una visita institucional.
Nuestra tradición republicana se ha sostenido en la base del respeto irrestricto entre naciones y en la neutralidad en los asuntos internos de los países vecinos. La política exterior chilena no puede subordinarse a afinidades ideológicas y la Cancillería no puede eludir su responsabilidad.
Es imperativa una nota de protesta ante el gobierno argentino. El no hacerlo legitima el atropello y sienta un preocupante precedente en las relaciones bilaterales.
No podemos permitir que ningún mandatario del mundo venga a Chile a insultar a parte de nuestra población mientras el anfitrión mira hacia el techo. Un jefe de Estado gobierna y representa a la totalidad de la nación, no únicamente a su barra brava. Cuando el respeto cede ante la vulgaridad, lo que se daña no es la ideología del contrincante, sino la estabilidad de la democracia.
Isidora Alcalde Egaña