Señor Director:
Conocí a Camilo Escalona en 1972. Fuimos candidatos a la Federación de Estudiantes Secundarios (FESES). Camilo en representación de la Unidad Popular; yo del Partido Nacional.
La vida nos llevó por caminos distintos durante varios años. Pero nos hizo coincidir al retorno de la democracia. La noche anterior al plebiscito en que fue derrotado el general Pinochet, me llamó por teléfono. Quería saber cuál iba a ser nuestra actitud en caso de que el Sí perdiera. Le dije que confiara en que íbamos a respetar el resultado democrático y que las Fuerzas Armadas harían lo mismo. Recuerdo hasta hoy su respuesta: “Entendido. Voy a transmitir tu mensaje”.
Ambos fuimos presidentes de partido y coincidimos como diputados y senadores. Siempre estuvimos en veredas opuestas, y más de una vez polemizamos en duros términos, pero caminamos juntos para contribuir, sin alardes, a un país mejor. Nunca estimamos necesario hacer una declaración pública para dejar testimonio de nuestra amistad cívica.
Siempre respeté de Camilo la coherencia con sus ideas.
Hoy, cuando todos los compromisos se adelgazan y se vuelven efímeros, Camilo fue un ejemplo de lo opuesto: siempre abrazó causas colectivas y se apartó de todo interés individual.
El anhelo de su vida fue servir a Chile.
Es justo agradecer su generosidad y reconocer su trayectoria.
Andrés Allamand