Ayer 4 de septiembre se conmemoró un nuevo aniversario del nacimiento de Manuel Montt, en un lejano 1809, en la Villa Santa Ana de Briviesca, hoy llamada Petorca.
Montt es una figura que es bastante representativa del siglo XIX chileno, en una época de creación de instituciones republicanas y donde existía la necesidad de que muchas personas se comprometieran en el servicio público, aportando su talento y patriotismo.
Además, su vida se confunde con la de muchas instituciones del país. Desde luego, si en 1821 ingresó a estudiar al Instituto Nacional —cuando este centro educativo todavía no cumplía una década—, seis años después fue designado inspector del establecimiento. La historia no termina ahí: en 1835 asumió como rector del llamado “primer foco de luz de la nación”, lo que tiene gran relevancia considerando la necesidad que había en Chile de cumplir con ese objetivo de “dar a la patria ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor”. En definitiva, un sello de la educación para servir a Chile, cuestión plenamente necesaria en este siglo XXI.
Manuel Montt también fue un destacado político. Trabajó en el Ministerio del Interior en el gobierno de Joaquín Prieto, bajo la dependencia de Portales, que poco después fue asesinado. Fue elegido diputado por Casablanca, y después presidente de la Cámara. En 1840 fue designado ministro del Interior y de Relaciones Exteriores, además de su labor posterior en otras carteras en las que siguió sirviendo: Justicia y Guerra y Marina. En el gobierno de Manuel Bulnes también fue ministro y ya era una de las figuras más importantes del país, como ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, entre 1841 y 1845, tiempo en el que se fundó la Universidad de Chile. Asimismo, promovió la educación de las mujeres y creó la Escuela Normal de Preceptores.
Después de dejar el gabinete siguió sus labores en el Congreso y en la magistratura, e incluso fue designado ministro de la Corte Suprema, llegando a la presidencia del máximo tribunal en 1850, cargo que tuvo hasta su muerte, solo interrumpido cuando ejerció la Presidencia de la República.
Manuel Montt gobernó entre 1851 y 1861, y tuvo grandes dificultades derivadas de dos conflictos civiles y de la disputa con la jerarquía de la Iglesia Católica. Pese a ello, poco antes de dejar el mando, el Presidente Montt afirmó en su último mensaje presidencial: “En medio de la más completa paz, la nación designará en breve el ciudadano que ha de sucederme en el honroso cargo que desempeño” (1 de junio de 1861).
Su ministro y amigo Antonio Varas —compañero de vida y de tantas batallas— era el más posible candidato presidencial para suceder a Montt, iniciativa que no prosperó, por lo cual —como manifestó en una carta a Vicente Pérez Rosales— se trató de buscar la persona “que dirigiese la marcha de la República por esta senda de progreso prudente que la ha conducido a los adelantamientos y crédito de que goza, y las opiniones profesadas por el señor Pérez en su carrera pública han satisfecho a esta exigencia” (Santiago, 9 de abril de 1861).
En buena medida, Chile tiene desafíos similares a los de hace dos siglos. Los beneficios del orden, la pasión por el progreso, la importancia de la educación y el sentido nacional de la actividad política pueden ser buenas bases para el desarrollo futuro. En eso, Manuel Montt mostró una orientación y fijó un estándar: servir a Chile requiere sacrificios y dedicar una vida a ello sin duda vale la pena.
Rodrigo Montt Swett
Presidente Fundación Manuel Montt