Se comenta en EE.UU. y en el exterior que, debido a la caída de Donald Trump en las encuestas, el opositor Partido Demócrata propinaría al mandatario y al Partido Republicano una derrota categórica en las elecciones de “medio término” de noviembre. A tal resultado seguiría la pérdida de apoyos parlamentarios que tiende a sufrir toda administración estadounidense a mediados de mandato.
En los comicios de noviembre se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Efectivamente, debido a la guerra contra Irán el costo de la vida en EE.UU. se ha incrementado, una mayoría ciudadana se opone a la guerra, y Trump está en problemas. Pero argumentar que Trump perderá las elecciones al Congreso resulta apresurado. Hay varias razones.
En primer lugar, la administración Trump está empeñada en la supresión del voto. La reestructuración de los mapas electorales en diversos estados de mayoría republicana le aseguraría varias bancas al partido de Trump para compensar las eventuales pérdidas. Trump presiona a los servicios electorales de los estados, amenazándolos con cortarles fondos federales si no acceden a sus deseos, incluyendo una orden ejecutiva que virtualmente elimina el voto a distancia o por correo, que Trump considera “fraudulento”, cuestión aún en tribunales.
Igualmente, el proyecto de ley SAVE, ya aprobado en la Cámara de Representantes, y que probablemente se vote en el Senado en septiembre, obligaría a los estados —que usan diversos sistemas de identificación de votantes como, por ejemplo, los carnets para conducir vehículos motorizados— a exigir a los votantes pasaporte o certificado de nacimiento para sufragar.
Esta ley no solo afectaría a los nuevos votantes, sino a los ya existentes. Según una estimación, 21 millones de ciudadanos estadounidenses no tienen acceso expedito a pasaportes o certificados de nacimiento, especialmente jóvenes, minorías, personas mayores y personas con discapacidad.
Además, la Liga de Mujeres Votantes observa que 69 millones de mujeres no tienen certificados de nacimiento que reflejen sus actuales nombres de casadas. La Liga cree que, aunque la ley no se apruebe, algún daño ya se hizo, pues ante la confusión de los requisitos para votar, muchos sencillamente no concurrirán a las urnas.
Paralelamente, en Texas, Arizona, Georgia y otros estados se han cerrado decenas de locales de votación en condados de inclinación demócrata, obstaculizando el voto de residentes afroamericanos y latinos. Y, pretendiendo un control federal de las elecciones, en contra de la autoridad de los estados, el Departamento de Justicia de Trump exige que estos le entreguen los registros electorales y otros datos sensibles. Los estados, en su mayoría, se han rehusado y el Departamento de Justicia los ha demandado.
Segundo, el Partido Republicano aventaja al Demócrata en una proporción de dos a uno en el financiamiento para la elección de noviembre. Solo en algunas contiendas competitivas el financiamiento para candidatos demócratas supera al de sus contendores republicanos.
Los megadonantes republicanos son empresarios de las grandes compañías tecnológicas, de criptomonedas, y de Wall Street. Un artículo del New York Times revela que, como nunca, esta campaña ha sido inundada con “dinero turbio”, cuyo origen es difícil rastrear, en contra de candidatos progresistas.
Tercero, la oposición demócrata sigue débil y dividida. En las primarias demócratas recientes, como Nueva York, Pensilvania y Michigan, ganaron candidatos del socialismo demócrata o apoyados por este, que representan una radicalidad alejada del sentir del estadounidense medio, y pueden terminar beneficiando a los republicanos.
En cambio, el trumpismo MAGA sigue incólume detrás del Presidente, pese a algunas críticas minoritarias por la guerra. El mandatario sigue siendo temido, controla el Partido Republicano y ha impuesto sus candidatos en las primarias, removiendo senadores y diputados que iban a la reelección y osaron contradecirlo o criticarlo. Donde Trump ha perdido apoyo es entre los independientes.
Las encuestas muestran una leve ventaja para los demócratas para la Cámara Baja y un empate en el Senado. En noviembre Trump puede perder las elecciones. La pregunta es si aceptará los resultados si le son adversos.
Heraldo Muñoz fue canciller de Chile entre 2014 y 2018.