Hace algunos días falleció ese excepcional político francés que fue Édouard Balladur. Entre muchas otras labores, ejerció como ministro en las dos cohabitaciones que debió enfrentar François Mitterrand con una coalición de derecha. En la primera fue ministro de Hacienda y Economía. En la segunda fue primer ministro. Es interesante recordar que desde esta segunda posición lideró una novedosa iniciativa para reducir el alto desempleo en un contexto de elevados costos laborales.
Convencido, y con evidencia que lo respaldaba, de que los subsidios tradicionales al empleo (a la oferta) no estaban teniendo mayores efectos, en gran medida por un alto salario mínimo que impedía acomodar los efectos esperados de esta medida, promovió un crédito tributario para proteger el empleo de los trabajadores menos calificados, en particular uno que redujese la contribución a la seguridad social que debía pagar el empleador por los trabajadores de menores salarios. Se inició con el grupo que ganaba hasta 1,1 veces el salario mínimo, incrementándose luego hasta 1,3 veces, con una reducción máxima del salario bruto de 12,8% en el salario mínimo. Se extinguía luego linealmente hasta llegar a las remuneraciones indicadas. Es evidente que era una medida dirigida a trabajadores poco calificados.
Esta propuesta acotada, a diferencia de otras más generosas que intentaron gobiernos posteriores, impactó positivamente el empleo de trabajadores poco calificados. Hay amplia evidencia, usando datos administrativos, que así lo revelan. Es interesante que el mayor aumento en el empleo poco calificado habría ocurrido en empresas que no contrataban habitualmente a estos trabajadores. En las empresas con una alta presencia de estos trabajadores les dio más liquidez, permitiéndoles contratar también trabajadores algo más calificados y crecer más rápido (véase Cottet, 2026).
Otros países han experimentado con iniciativas similares y también hay impactos interesantes en empleo. Por ejemplo, en Suecia, en este caso con un crédito tributario destinado a alivianar los pagos sociales de los empleadores por trabajadores jóvenes, se observó un aumento importante en su tasa de empleo (Sáez y coautores, 2019).
Así, este tipo de créditos tributarios que estimulan la demanda de trabajo, con un foco específico, no se pueden descartar como herramientas para promover el empleo. Más todavía si se considera que nuestro salario mínimo respecto de la mediana salarial es, de acuerdo con la OCDE, más alto que el francés. Pero, además, el país está observando un inevitable aumento de los costos laborales.
En sus orígenes el proyecto de reconstrucción contemplaba esta política, pero se cuestionó, por buenas razones, su costo fiscal. Se sugirió, además, que no había evidencia de que estos créditos tributarios pudiesen ser una herramienta útil para crear empleos. Ese argumento no parece sostenerse a la luz de la experiencia comparada.
Mientras tanto el desempleo ha seguido subiendo. En la primera parte de este año subió 0,4 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2025, pero entre los jóvenes de 15 a 24 años la desocupación subió en 1,7 puntos para alcanzar un nivel que es seis puntos porcentuales más alto que el previo a la pandemia. Al mismo tiempo los grupos de menor escolaridad observan, respecto de esos años, tasas de participación más bajas y un desempleo que es 3,5 puntos porcentuales más alto. En cambio, quienes tienen educación universitaria completa, a pesar de que también han sido afectados por una economía poco dinámica, tienen tasas de desempleo que son 0,6 puntos porcentuales más altas y su tasa de participación no se ha reducido (para estos números se ha considerado la población entre 25 y 64 años).
La propuesta del proyecto mencionado consideraba que el crédito tributario se extinguía una vez que el salario superaba 1,6 veces el salario mínimo. Seguir la propuesta de Balladur y concentrarlo en hasta 1,3 veces el salario mínimo y agregarle algunas pizcas de la iniciativa sueca, permitiendo que el beneficio acompañe al trabajador hasta que, por ejemplo, cumpla 30 años puede ser un camino valioso.
Este parece más interesante que la propuesta que se terminó legislando en esta materia. Si a ello se le suma la agenda de cambios laborales que el Gobierno está trabajando y, además, se termina por aprobar el proyecto de sala cuna, se configura un cuadro que puede mejorar las perspectivas del empleo en Chile.
La importancia que tiene el empleo para el bienestar de las personas no se puede desconocer. Al mismo tiempo, la posibilidad de conectarse rápidamente con el mundo del trabajo mejora las trayectorias laborales de las personas. Así, pensar en esta política como una amortiguadora de los aumentos de costos laborales puede cambiar las perspectivas de jóvenes que enfrentan su realidad con bajas expectativas.
Harald Beyer
Escuela de Gobierno UC