“Tal vez no haya mejor política pública que promover la creación de empresas. Son el mejor motor para el desarrollo del país”. Con esta frase, el cardenal Fernando Chomali, en la presentación de su Carta a los Empresarios, reconoció el enorme aporte de miles de emprendedores y empresarios al crear empleo, generar innovación y producir los bienes y servicios que hacen posible el progreso de Chile. Crear una empresa es crear oportunidades: es asumir riesgos, invertir, innovar y ofrecer trabajo. Es una tarea exigente y, muchas veces, incierta.
Pero el cardenal fue más allá y dejó una pregunta que no podemos eludir: ¿qué efecto tienen nuestras decisiones en la vida de las personas y qué sociedad estamos construyendo? Esa pregunta puede ser incómoda: ¿está llamada la empresa a resolver los problemas de la sociedad? ¿No es suficiente con generar trabajo y pagar un sueldo justo? El cardenal fue categórico: “Los problemas de Chile no son de alguien más. Son nuestros”.
El último Edelman Trust Barometer muestra que, en América Latina, la empresa es la única institución que la ciudadanía percibe simultáneamente como competente y ética. Esa confianza es un privilegio, pero también una responsabilidad: muchas personas sienten que las empresas todavía pueden hacer más frente a los desafíos que afectan a la sociedad.
Una empresa no es solo una cifra de resultados ni una línea en el PIB. Es, ante todo, una comunidad de personas. Detrás de cada trabajador, cliente, proveedor, emprendedor o ejecutivo hay una historia, una familia, sueños y preocupaciones; detrás de cada puesto de trabajo, alguien que sostiene a su familia y proyecta su futuro. Por eso las decisiones empresariales nunca son del todo neutras: tienen consecuencias en las personas y en la sociedad. Una empresa puede cumplir sus metas y, al mismo tiempo, preguntarse si la forma en que las alcanzó estuvo a la altura de sus valores.
Esto no significa que la empresa deba reemplazar al Estado, a la academia, a los gremios o a la sociedad civil. El desempleo, la seguridad, la conciliación entre trabajo y familia, la inclusión y el impacto de las nuevas tecnologías son desafíos que ningún actor resuelve solo; hay problemas que simplemente no se pueden resolver desde una sola vereda. Como también dijo el cardenal, “no existen empresas sanas en sociedades enfermas”.
En USEC creemos que la empresa forma parte de la solución, precisamente porque es una comunidad de personas al servicio de las personas. Por eso recogemos este llamado: convocamos a sentarnos a conversar sobre los grandes desafíos de Chile, a abrir espacios de encuentro y hacer bajadas concretas entre empresarios, trabajadores, autoridades, academia y sociedad civil, a promover el diálogo, escuchar con respeto miradas distintas y construir las confianzas que permitan avanzar.
Por eso este no es un llamado a la reflexión pasiva, sino una invitación directa a actuar. Si usted dirige una empresa en Chile y comparte la convicción de que hacer empresa es también hacerse cargo del país, lo invitamos a sumarse a USEC y a esta mesa de conversación que estamos convocando.
Chile necesita recuperar la capacidad de encontrarse, de escucharse y de construir confianzas. Y quizás ahí comienza nuestra tarea: preguntarnos no solo qué podemos hacer cada uno por Chile, sino qué somos capaces de hacer juntos. Hacer empresa es también hacerse cargo del país que dejaremos a las próximas generaciones. Esa decisión no se delega: se construye entre todos. Invitamos a todos los empresarios de Chile a sumarse.
Francisca Valdés
Presidenta USEC
Enrique Cruz
Ricardo de Tezanos Pinto
Francisco Jiménez
Jorge Matetic Sergio Merino
Consejeros USEC (Esta columna la suscriben 30 empresarios, ejecutivos y emprendedores del Consejo de USEC)