Señor Director:
En carta de ayer se señala que “comer comida y cabritas en el cine es una tradición histórica y transversal de la industria cinematográfica”. Voy al cine desde los 6 o 7 años de edad, y que yo recuerde nunca se ingirió comida ni se masticaron cabritas hasta años recientes, cuando aparecieron multicines con oferta alimentaria —principalmente cabritas, “hot-dogs” y gaseosas— siguiendo el modelo norteamericano.
Por lo tanto, no se trata de “una tradición”, sino de una copia de modelos extranjeros, como tantos otros en nuestra historia, que en este caso no solo molesta por el ruido, sino que favorece el pésimo hábito de comer frente a pantallas.
Dr. Fernando Vio del Río