En noviembre y diciembre de este año se evaluará a todos los niños de segundo básico en habilidades lectoras. Esta era una aspiración de la gran mayoría de los expertos en lectura, toda vez que hay evidencia de que el país no está logrando estándares adecuados en esta materia. En efecto, un 60% no alcanzaría los niveles de lectura esperados en este nivel educativo, y en cuarto básico más de la mitad de los niños no lee fluidamente. Por ello, no comprenden textos que deberían dominar a los 9 o 10 años. Sabemos, además, que las habilidades de comprensión lectora en octavo básico y en segundo medio están estancadas y con signos de retroceso. El Programa Internacional de Evaluación de Competencias de Adultos, desarrollado por la OCDE, muestra un muy pobre desempeño de nuestra población: un 53% tiene un nivel insuficiente en las habilidades lectoras necesarias para desenvolverse satisfactoriamente en el mundo actual, duplicando el promedio de dicha organización.
Este desafío se debe abordar con especial fuerza en los primeros años de la vida escolar. Si no se logra que todos los niños lean adecuadamente en segundo básico o a más tardar en cuarto, la superación de esos rezagos iniciales se vuelve prácticamente imposible. La paradoja es que está bastante bien documentado cómo lograr ese objetivo. Al mismo tiempo, existen planteles en nuestro país que alcanzan esta meta incluso con estudiantes de reducido capital cultural y social. Lamentablemente, no son muchos y ello da cuenta de los desafíos que enfrenta el país. La buena noticia es que, con el despliegue de una estrategia apropiada, en pocos años se pueden ver logros sustantivos. La evidencia comparada es interesante al respecto. Un ejemplo cada vez más citado es el de la ciudad brasileña de Sobral. En cuatro años consiguió que el 92% de sus niños de segundo básico alcanzara las habilidades de lectura apropiadas para esa edad, partiendo de una situación similar a la chilena. Para ello se desarrolló una estrategia coherente, basada en la evidencia disponible y con una medición continua, que permitía ir acompañando a los niños que se iban quedando rezagados.
En Chile, la evaluación que se hará a fin de año, denominada Impulso Lector, va de la mano de un plan que anunció el Presidente Kast en su Cuenta Pública: Chile Aprende y Avanza. Este tiene objetivos precisos. Entre otros, que los niños lean comprensivamente al término de segundo básico y dominen las operaciones básicas antes de cuarto. Los aspectos que han trascendido sugieren que se está pensando en un plan integral, con altos estándares. Ello es muy positivo, aunque en lectura podría ser menos comprensivo que otras iniciativas que han emergido de la sociedad civil. Aquí cabe mencionar “Por un Chile que Lee”. Esta es una estrategia integral desarrollada con apoyo de expertos, académicos y distintas organizaciones. Se han sumado, además, líderes políticos, empresariales y sociales. En 2025, todos los candidatos, incluido el actual Presidente, se comprometieron con esta iniciativa. Tiene, además, gran apoyo en el Congreso. Los nuevos servicios locales de educación, los municipios y sostenedores privados la ven con interés y también se han comprometido.
Esto sugiere que, quizás, en lectura, el programa Chile Aprende y Avanza debiera abrazar esta iniciativa, apoyándose en el compromiso transversal que ha suscitado en la sociedad civil. Solucionar problemas como este requiere de una colaboración público-privada virtuosa. El país necesita avanzar en educación y, si bien no se pueden desconocer los pasos dados en las últimas cuatro décadas, en el último tiempo se observa un cierto estancamiento. Aquí hay una oportunidad para producir un avance indispensable, apoyándose en un proyecto bien pensado y ampliamente respaldado. Una buena implementación de la iniciativa requiere de un director del proyecto de alto nivel, empoderado y con los recursos correspondientes. Para producir más equidad y calidad en educación, desarrollar apropiadamente las habilidades de lectura de nuestros niños es fundamental.