Señor Director:
Ayer terminó el proceso de postulación al Sistema de Admisión Escolar (SAE). Después de una década, puede ser la última vez que las familias chilenas participen en la “no” elección de la educación que quieren para sus hijos. La paradoja es evidente: mientras los padres postulaban a un mecanismo que termina resolviendo, en ciertos casos, por tómbola quién obtiene un cupo en los colegios, el Gobierno impulsa una reforma que procura devolver a las familias la capacidad de elección sobre la educación de sus hijos.
Frente a este asunto, es conveniente tener presente un principio educativo fundamental: los padres son los primeros y principales educadores y, por tanto, tienen garantizado “el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos” (CPR, art. 19 N.º 10).
Sin embargo, lo que las familias eligen no es simplemente un establecimiento educacional: eligen un ideario, en el que se expresa una determinada concepción de persona, así como los medios adecuados para alcanzar el fin del quehacer educativo que se proponen.
Evidentemente, este ideario no puede quedar solo escrito en un documento o publicado en una página web: debe vivirse. Porque, en definitiva, no educan los documentos, sino que educa la cultura que se vive diariamente entre profesores, alumnos y familias dentro del colegio.
Es por este motivo que los colegios deben contar con las herramientas para procurar que quienes deseen formar parte de su comunidad compartan y fortalezcan ese ideario. Esa herramienta es la selección. De lo contrario, el ideario termina diluyéndose hasta convertirse en una declaración de buenas intenciones.
La discusión sobre el SAE no trata únicamente de cómo asignar vacantes, sino que trata de si las familias podrán elegir efectivamente el proyecto educativo que consideran mejor para sus hijos. Porque los colegios no son edificios intercambiables ni simples proveedores de un servicio: son comunidades educativas con una identidad. Y cuando esa identidad no tiene importancia en la elección que hacen las familias, el derecho preferente de los padres de educar a sus hijos termina convirtiéndose en una ilusión.
Joaquín León Parodi
Académico de la Escuela de Educación de la Universidad de los Andes