Señor Director:
Uno de los paradigmas en que descansa la reforma a la justicia civil que hoy se discute en el Senado es la oralidad como artífice de una mayor celeridad en la tramitación de los procesos.
Más allá de que los dos años que actualmente tarda la Corte de Apelaciones de Santiago en oír alegatos no abonen dicha premisa, lo cierto es que la irrupción de la inteligencia artificial invita a reevaluar la pertinencia de introducir mayores ámbitos de oralidad en nuestros procedimientos.
Parte significativa de la demora en la tramitación judicial parece provenir no tanto de la existencia misma de escritos, como del tiempo que tardan los tribunales en proveerlos.
A su vez, buena parte de esas providencias consisten en actuaciones repetitivas y estandarizables, en las que el correcto empleo de herramientas de inteligencia artificial podría reducir plazos de semanas a horas. Así, es precisamente en el procedimiento escrito donde esos instrumentos ofrecen su mayor rendimiento.
Un juicio oral, en cambio, requiere de la presencia forzosa del juez en las audiencias que la reforma crea, presencia que, como es obvio, no es automatizable ni comprimible.
Vale la pena, entonces, volver sobre la cuestión de si acaso la oralidad que promueve la reforma traerá celeridad al sistema, cuando la escrituración, ahora sí, parece mejor capacitada para proveerla.
Jorge Baraona Correa
Abogado