Recientemente, ciertas voces de EE.UU. comentaron sobre la relación entre China y América Latina, dando órdenes a países latinoamericanos para que limiten su cooperación con China, y calificaron de “tontería” el mantener un equilibrio entre China y EE.UU. No es la primera vez que Washington se erige como dueño de América, pero lo engañoso e hipócrita de sus comentarios resulta alarmante.
China desarrolla sus relaciones con los países latinoamericanos sobre la base del respeto mutuo, la igualdad y el beneficio compartido, sin perseguir nunca “China first”; aboga por priorizar el terreno común sobre la discrepancia, y nunca ha recurrido a la intimidación ni coerción; respeta las cooperaciones amistosas de América Latina con todos los países, y nunca le ha pedido tomar partido.
Al mismo tiempo, la mayor fuente de daño a la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de América Latina es precisamente el propio EE.UU.
En lo económico y comercial, mientras exige a sus socios que “crean en ellos”, y a pesar de tener un superávit comercial con Chile y un tratado de libre comercio bilateral, no ha dudado en imponer aranceles a Chile y otros países, bajo absurdos pretextos como “reciprocidad” y “trabajo forzoso”, al tiempo que obstaculiza la cooperación entre China y América Latina, sin ser capaz de superar las ventajas chinas en términos de demanda del mercado, capacidad industrial y tecnológica y soluciones accesibles.
En la seguridad, codicia territorios ajenos, derribó gobiernos, no deja de implementar intervención armada y sanciones unilaterales; hace caso omiso de la proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz y promueve la militarización en bloque; siendo el mayor consumidor mundial de drogas y la principal fuente de armas ilegales en la región, y permitiendo la proliferación de medicamentos recetados y marihuana. Sin embargo, quiere combatir el narcotráfico en otros países para encubrir su propia vergüenza.
En ciberseguridad, la sección 702 de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA) de EE.UU. permite a sus agencias de inteligencia acceder sin restricciones a los datos de las empresas estadounidenses y vigilar indiscriminadamente a los usuarios de Internet en todo el mundo, y ni siquiera el escándalo “Prism” logró frenarlos. Los informes del Centro Nacional de Respuesta a Emergencias Informáticas de China confirman que EE.UU. no solo intercepta y monitorea los cables submarinos del Pacífico y del Atlántico, sino que también utiliza su tecnología para incriminar a otros países y se colude con las empresas tecnológicas estadounidenses para fabricar los informes “Typhoon” sobre supuestos ciberataques chinos, un típico cuento del ladrón que acusa a otro.
En el caso del cable submarino China-Chile, EE.UU. ha llevado al extremo la desinformación, la intimidación y el doble rasero. El proyecto del cable submarino China-Chile es completamente transparente: la empresa china solo se encarga de la construcción de la infraestructura, mientras que el almacenamiento, la gestión y el uso de los datos corren por cuenta del operador futuro, algo muy distinto al cable Humboldt, cuyo propietario y usuario es Google.
En febrero de este año, lo que la Subtel otorgó, y luego, bajo presión y coacción de EE.UU., revocó fue una licencia de servicios intermedios de telecomunicaciones (ITS), la que solo autorizaba a la empresa china para prestar servicios intermedios, siendo solo el primero de los 13 pasos que se requieren para construir un cable submarino en Chile. Afirmar que el proyecto “se aprobó en pocos meses” es una pura patraña que busca engañar al público.
Posteriormente, EE.UU. utilizó las visas como arma para sancionar a autoridades chilenas y sus familiares, una matonería del hegemonismo contra individuos. Hace poco, Google anunció la instalación de tres nuevos cables submarinos en América Latina, uno de ellos conectado a Chile, y la cuestionable trayectoria de EE.UU. en ciberseguridad parece no afectarle en absoluto, como si todos los cables estuvieran a su merced.
Razonemos: ¿qué señales quiere enviar EE.UU.?
1. EE. UU. “permite” que América Latina coopere comercialmente con terceros, pero solo dentro de los límites que él autoriza y siempre en función de los intereses estadounidenses.
2. En tecnologías de punta, minerales críticos e infraestructura clave, América Latina solo puede asociarse con EE.UU. o con empresas controladas por EE.UU.; no se admite la diversificación, so pena de graves consecuencias.
3. Los cables submarinos en América Latina deben ser obligatoriamente de EE.UU., o por lo menos no eludir su control; quien apoye el proyecto chino será sancionado.
El espionaje, las bases militares, las intervenciones que EE.UU. lleva a cabo en la región son para “protegerla”, para que América Latina sea un “patio trasero” más seguro según la Doctrina Monroe.
Creo que a EE.UU. se le ha hecho mala costumbre creerse el “emperador” de América. Instamos a EE.UU. a dejar de interferir en el derecho soberano de los países a elegir sus socios, y a contribuir con hechos concretos a la prosperidad y estabilidad de América Latina y el Caribe.