Cuando en el mundo se discuten las amenazas de diverso tipo que la IA puede representar para la humanidad, y en el país se debate respecto del valor relativo de las tecnologías y las humanidades para el desarrollo de la sociedad, el estremecedor testimonio entregado por Daniela Rodríguez, periodista chilena de 32 años afectada por ELA (esclerosis lateral amiotrófica) desde 2020, y que este diario dio a conocer en su cuerpo de Innovación, entrega un ángulo distinto, ampliando el espectro del debate.
La enfermedad que padece, la misma que sufrió el físico británico Stephen Hawking, afecta progresivamente al sistema muscular, impidiendo todo movimiento, incluida la capacidad para hablar. Pero lo que pareciera una condición completamente invalidante, ha podido ir siendo atenuada por la tecnología, como el mundo pudo enterarse a través de la vida del famoso físico. Los avances tecnológicos logrados en la actualidad, que permiten a Daniela Rodríguez utilizar el movimiento de sus ojos y párpados —que no son afectados por la enfermedad— para transmitir sus pensamientos vía las teclas de un computador con las técnicas más avanzadas, complementados con inteligencia artificial para que se transformen en sonidos con una voz idéntica a la de ella —lo que se logró usando antiguas grabaciones, anteriores a que la perdiera— resultan sorprendentes y emocionantes. Ella misma utilizó plataformas de IA, con paciencia e ingenio, para darle mayor fluidez a todo el proceso, y así escribió el testimonio recogido por el diario. Ahora está esperando los avances tecnológicos que se logren para poder trasladar lo anterior a su celular y está atenta a lo que consiga hacer Neuralink, la empresa con que Elon Musk pretende instalar implantes en el cerebro que permitan una interfaz entre este y el computador, para que los pensamientos se puedan expresar oralmente sin necesidad de tecleo.
Esta es una impactante muestra de los logros que la tecnología puede conseguir, en este caso apoyados en la inclaudicable voluntad de la periodista. Ella no solo puso esos avances a su servicio, sino, además, sigue trabajando en la empresa de la que es socia y, paralelamente, cría a su hijo. La oposición que se ha querido establecer entre la frialdad de la técnica y la calidez de la emocionalidad humana, puede ser superada si se enfrenta adecuadamente, como esta historia muestra con elocuencia y fuerza. Los debates mencionados más arriba se nutren con este caso, al evidenciar cómo se puede conseguir que los avances tecnológicos y la IA resulten beneficiosos para la humanidad.