Pertenecemos a coaliciones políticas opuestas y gobernamos comunas muy distintas. Discrepamos en buena parte del debate diario: el rol del Estado, los impuestos, la delincuencia. Y si escribimos juntos, no es para disimular esas diferencias, sino porque entendemos que hay tareas que ningún sector puede resolver por sí solo.
Un proverbio griego dice que una sociedad crece cuando los mayores plantan árboles a cuya sombra saben que no se sentarán. Nuestra política hace lo contrario: siembra para la cosecha del próximo titular. Cuando el horizonte es corto, todo se vuelve un juego de suma cero; cuando se alarga, aparecen los incentivos para colaborar. Chile no tiene un problema de convicciones, sino de horizonte.
Desde los municipios vemos a diario las consecuencias de un Estado que no logra anticiparse, coordinarse, ni sostener políticas en el tiempo. La experiencia de gobernar nos ha obligado a abandonar la comodidad de la política hecha solo desde la teoría, y entender que las ideas e interpelaciones deben someterse a la exigencia de la realidad, haciéndonos cargo de cómo se implementan, con qué recursos, en qué plazos y midiendo su éxito en los resultados y no solo en su poder de repercusión mediática o en las intenciones que la movilizaron.
Es por eso que hoy hacemos una invitación abierta, a que como país seamos capaces de generar acuerdos amplios en al menos siete ámbitos de acción conjunta para los próximos 30 años. No son los únicos ni excluyen otros, pero creemos que en ellos tenemos el deber de encontrarnos para construir políticas de Estado de largo plazo, que gocen de legitimidad y estabilidad en el tiempo, con objetivos realizables y plazos razonables:
1. Una reforma al sistema político que devuelva gobernabilidad y estabilidad institucional; 2. Una reforma al empleo público y un plan de modernización de las capacidades del Estado; 3. Un acuerdo nacional por la primera infancia y la vejez; 4. Un plan nacional de infraestructura, desarrollo territorial y adaptación climática; 5. Una estrategia de crecimiento, productividad y empleo; 6. Una política nacional de seguridad y combate al crimen organizado; y 7. Un acuerdo sobre tecnología, inteligencia artificial y democracia.
Dialogar con verdadera voluntad de llegar a acuerdos exige valentía: salir de la trinchera, renunciar al aplauso fácil que se consigue denostando al adversario y estar dispuestos, en cambio, a buscar su mejor versión. Se trata de no acentuar las diferencias por conveniencia y hacer el esfuerzo por encontrar espacios de encuentro. Resistir un entorno diseñado en contra: un algoritmo que incentiva el conflicto, y que no nos muestra el país como es, sino aquel que solo reafirma nuestras creencias. A unos les dirá que todo está fantástico, y a otros, que todo está perdido, y ninguna de las dos imágenes sobrevive a lo que uno ve recorriendo una comuna.
No pedimos renunciar a convicción alguna ni firmar un programa común, solo aceptar que el problema existe, e invitar a más actores a remar en la dirección correcta. Hoy la demagogia y los populismos son un problema real, y ningún gobierno lo resolverá en cuatro años si no somos capaces de construir acuerdos que trasciendan a quienes circunstancialmente gobiernan. Cuando las soluciones funcionan, a los vecinos les importa bastante menos quién era el autor de la idea que el hecho de que su vida haya mejorado. Quizás esa sea la mejor forma de recuperar la confianza y demostrar que, con diferencias legítimas, todavía somos capaces de plantar árboles a cuya sombra no nos vamos a sentar.
Tomás Vodanovic Escudero
Alcalde de Maipú
Jaime Bellolio Avaria
Alcalde de Providencia