Basta hacer un poco de política ficción.
Triunfo de Jeannette Jara en 2025. Mismo proyecto de reforma constitucional. Se aprueba en el Parlamento. Usando sus nuevas facultades, la presidenta decide intervenir con las fuerzas armadas por 240 días “Sanhattan” para perseguir los delitos de cuello y corbata. Se intervienen comunicaciones, se impide el desplazamiento, se requisan bienes.
¿No sería un escándalo? ¿No sería un atentado a las libertades básicas?
Por cierto que sí.
Pues bien, eso es exactamente lo que plantea el proyecto del Gobierno.
Y aquello es inaceptable en Las Condes, en Puente Alto o en Alto Hospicio.
Una propuesta que puede atentar los derechos básicos más elementales y que degrada la democracia.
Es paradójico, porque ¿han sido los seis meses de Kast “ultra”?
La respuesta es negativa. No ha habido ni en las formas ni en el fondo nada que deteriore algún valor democrático. Proyectos buenos, proyectos malos. Ministros buenos, ministros malos. Declaraciones buenas, declaraciones malas.
Pero nada que pudiera sindicarse como “iliberal”.
Hasta ahora…
El proyecto de reforma constitucional es un error profundo. Su contenido es inaceptable, su oportunidad política es mala y sus opciones de ser aprobadas nulas.
Y si bien en el mundo la palabra “democracia” sigue siendo valorada (basta recordar a la “República democrática de Corea del Norte”), su ejercicio se ha desvalorizado profundamente. Amenazas a la prensa, atribuciones excesivas, contrapesos inadecuados proliferan en todas partes.
Y, lo que es peor: las encuestas muestran que muchas personas están dispuestas a sacrificar libertades en pos de la seguridad.
No recuerdan lo que ya había advertido Platón, que quien ofrece las soluciones fáciles a los problemas sonríe amablemente en un principio e indefectiblemente termina convertido en un tirano.
No recuerdan lo que ya había dicho Hume, que las leyes deben ser hechas asumiendo que quien las usará no son buenas personas ni prudentes políticos.
Esta reforma constitucional le regala un arma letal a un futuro presidente no virtuoso. De derecha o de izquierda.
El proyecto de reforma constitucional no solo es incompatible con una democracia, también es un error profundo del gobierno de Kast en cuatro dimensiones:
Acrecienta la etiqueta de “ultra” que había logrado desmentir durante los primeros seis meses de gobierno.
Pierde el control de la agenda en un momento que la había logrado tomar tras el éxito de la megarreforma y de los planes de seguridad.
Divide al oficialismo y aúna a la oposición.
Reabre el tema constitucional cuando ya había quedado claro que los problemas de Chile no se resuelven vía cambios constitucionales, sino que de gestión.
Es decir, todo mal.
Mientras antes el Gobierno rectifique, menor será el daño. Y la rectificación no es más que retirar el proyecto. Eliminar la idea. Cancelar la propuesta.
Guardar el proyecto en un cajón y confiar en que, con los años, nadie recuerde muy bien de quién fue la idea.
Y si alguien pregunta qué pasó con la iniciativa, siempre queda una respuesta perfectamente institucional: fue sometida al más exigente de todos los controles constitucionales, el sentido común…