¿Se acuerdan cuando el entonces Presidente Boric rechazó la llamada telefónica de Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional del Presidente de Estados Unidos?
Cerca de un año atrás, Boric, soberbio o desubicado, en todo caso sin advertir la influencia y futuro de Rubio, justificó su negativa de contactarlo sosteniendo que, en razón de su cargo, solo le correspondía atender llamadas de mandatarios.
Para Boric, Rubio, responsable de las relaciones exteriores de la primera potencia del mundo, no estaba a su altura. La llamada fue derivada a su canciller, Alberto van Klaveren, que justificó el desencuentro en la recargada agenda presidencial. Rubio había sido informado de la decisión inminente de Boric de cortar relaciones diplomáticas con Israel, estrecho aliado de Estados Unidos. Con el llamado, el secretario de Estado logró su cometido. Van Klaveren le aseguró que tal rompimiento no ocurriría. No sabemos las presiones norteamericanas que forzaron a recapacitar al gobierno de Chile, como ocurriera también con el proyecto de cable submarino a China. Boric públicamente criticaba a Estados Unidos; no obstante, accedía a sus designios, lo que no quita que las relaciones con Norteamérica, durante Boric y Trump, fueran las peores en décadas. Tal vez fue para mejor que el Presidente Boric y Rubio no se contactaran, ante el riesgo de dañar aún más las deterioradas relaciones bilaterales.
¿Y cuál podría ser el futuro del Marco Rubio? A meses de su nombramiento como secretario de Estado, Trump lo designó simultáneamente asesor de Seguridad Nacional. Solo Henry Kissinger ejerció ambos cargos. Ganarse la confianza del impredecible Donald Trump no es poca cosa. Rubio, de la línea dura, ha respaldado las beligerantes políticas de Trump, si bien ha sido de una postura más moderada en las relaciones con Europa y la OTAN.
En América Latina, apoyó la captura de Nicolás Maduro, que de paso hay que mencionar que ha sido dejado a su suerte por el gobierno venezolano, el mismo que antes reclamaba su liberación y protestaba por dicha captura. Rubio es también decisivo en el pausado cambio de régimen en Venezuela y en la política sobre Cuba, y será decisivo en vetar o apoyar la candidatura de la expresidenta Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas. No hay que ser muy suspicaz para pensar que no será un entusiasta partidario. A la vez, Marco Rubio sirve eficazmente las órdenes de Trump, respaldando la intervención militar norteamericana en el extranjero para combatir el narcotráfico. Estados Unidos ha hundido en menos de un año 66 embarcaciones que supuestamente transportaban cocaína en las costas de Venezuela y Colombia, causando sobre doscientos muertos. Dos meses atrás, en una operación militar de Estados Unidos en coordinación con Venezuela, dio muerte a Héctor Rutherford Guerrero, alias “el niño Guerrero”, jefe máximo del Tren de Aragua.
En las últimas encuestas, Rubio se acerca en popularidad al vicepresidente JD Vance, natural candidato republicano a suceder a Trump.