Los demócratas esperan que la caída en la popularidad de Trump, consecuencia del descontento por los efectos de la guerra de Irán en los precios de la bencina y de los alimentos, y el alto costo de la vida en general, así como por el estado de la salud pública, los beneficie electoralmente. Así, hacen una campaña dura contra el Presidente y las políticas del gobierno. Las denuncias de corrupción y el enriquecimiento de su familia han sido levantados por varios postulantes. La aprobación a la gestión presidencial sigue en tendencia negativa desde hace meses y está en el punto más bajo desde que asumió, igualando los números del final de su mandato anterior. Estos datos energizan a la oposición, pero no son suficientes para asegurarle revertir las mayorías que hoy los republicanos ostentan en ambas cámaras.
El Partido Demócrata está fuertemente dividido entre el establishment tradicional, moderado o pragmático, y los sectores autodenominados progresistas, que buscan un cambio más profundo. Estos últimos, a su vez, están divididos entre aquellos que postulan cambios de fondo pero no extremos y quienes se autodefinen socialistas, que buscan radicalizar las posturas del partido. Como figura central del progresismo ha destacado el senador Bernie Sanders, un exdemócrata hoy independiente que junto con la congresista Alexandria Ocasio-Cortez tienen influencia directa sobre el sector. Ella es parte de los “Socialistas democráticos de América” (DSA, por su sigla en inglés), al igual que el popular alcalde Mamdani, de Nueva York. Varios candidatos del partido se han postulado bajo esa bandera, con distintos resultados.
La semana pasada, la primaria que tuvo mayor cobertura noticiosa fue la de Wisconsin, donde se elegía, entre otros, al candidato demócrata para gobernador. Durante semanas, la chef Francesca Hong, de tendencia DSA, encabezaba las encuestas, pero ganó el moderado David Crowley, quien se había retirado y vuelto a las lides poco antes de la votación. Las encuestas no alcanzaron a recoger este cambio y todas daban a Hong ganadora por amplio margen. El sector más radical esperaba que un triunfo demostrara su viabilidad para ganar elecciones a nivel general, después de que en Michigan hace un par de semanas triunfara el progresista Abdul el Sayed, si bien este no pertenece al DSA. Sanders apoyó al candidato musulmán, pero no así a Hong, quien tampoco recibió el respaldo de Ocasio-Cortez ni de la senadora emblemática de la izquierda, Elizabeth Warren. Al parecer, la chef era demasiado radical para ellos, además de polémica por sus antiguos mensajes llamando a desfinanciar y eliminar la policía, y a borrar del calendario el día de Acción de Gracias por “colonialista”.
Ocasio se ha distanciado de este tipo de posiciones señalando que ellas tienen que ver con el movimiento “woke 1.0”, de los años de pandemia, que era una “locura”. Si esto es un cambio de fondo o una postura para morigerar su discurso de cara a los votantes demócratas moderados, habrá que verlo en sus actuaciones futuras, después de las elecciones. No hay que olvidar que ella es una de las eventuales precandidatas presidenciales demócratas para 2028 y, por supuesto, debe adecuar su mensaje para llegar al máximo posible de electores.
La derrota de Hong le dio aliento al sector tradicional, con Rahm Emanuel (exasesor de Barack Obama) tuiteando que “el ala pragmática no es una facción del partido, sino la mayoría que despertó y se está ejercitando”. Esto tendrá que demostrarse en las próximas primarias, que se desarrollarán en Alaska, Wyoming y Massachusetts. Y, en definitiva, en noviembre.