El gerente general del Hotel Portillo ha manifestado su descontento por la situación que enfrenta: la Ruta 60 CH ha permanecido cerrada por casi un mes, lo que ha impedido el acceso de los huéspedes al hotel. La situación ya ha causado la pérdida de un tercio de la temporada. Es un problema crítico para una empresa con más de quinientos trabajadores, sin considerar la molestia para los turistas.
Este caso debería invitarnos a reflexionar sobre la ausencia de apoyos al turismo invernal en Chile. Es un sector que atrae a unos 300 mil o más personas anuales, provenientes de Brasil y de países del hemisferio norte, y cuyo gasto es del orden de US$ 300 millones durante sus visitas. El país recibe estos beneficios, pese al nulo apoyo del Estado. Portillo es un centro de pequeña escala y su impacto económico es menos importante, pero es muy reconocido internacionalmente. En tanto, los tres centros en las cercanías de Santiago (La Parva, Valle Nevado y El Colorado) absorben a cientos de miles de turistas. Ellos deben ascender a los centros invernales por una ruta trazada hace más de 70 años, cuando el tráfico era ínfimo en comparación con los miles de vehículos que suben los fines de semana y que deben sufrir largas demoras.
El Estado no ha comprendido que las condiciones de estos centros son escasas y tal vez únicas en el mundo. No es común que ellos estén tan cerca de una metrópolis equipada con un aeropuerto internacional, que permite que los deportistas extranjeros puedan ir directamente del terminal aéreo a las pistas, a lo que se suma la contraestación, en el caso de quienes vienen desde el hemisferio norte, y la posibilidad de visitar los atractivos de Santiago. Aprovechar esta ventaja requiere poder moverse entre la ciudad y los centros invernales sin que eso ocupe demasiado tiempo. En principio, se podría hacer, dada la escasa distancia, pero no con el camino actual.
Es lamentable que, teniendo centros de esquí de alta calidad a 25 km de Santiago, incluso sin tráfico la ruta tarde cerca de una hora. Situaciones similares se repiten en todos los centros invernales del país, impidiendo su desarrollo. El argumento ha sido siempre que los deportes de invierno son practicados por personas de ingresos altos, por lo que sería un subsidio a este segmento. Pero un tercio de las personas que suben a los centros de esquí no van a esquiar, sino a conocer la nieve y la montaña, y muchos más podrían hacerlo si hubiera mejores accesos.
Con todo, tal vez el mayor problema es el desaprovechamiento de un potencial turístico inmenso. Con buenos caminos, es probable que haya más inversión y ampliación de los centros invernales actuales, y probablemente aparecerían nuevos proyectos. Disponemos de buenas rutas a las playas y lagos (que también en la mayoría de los casos benefician más a las personas de mayores ingresos), pero los centros invernales son castigados con una casi nula inversión del Estado.