Señor Director:
Sorprende la reacción que ha provocado en redes la entrevista de El País al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. “¡Si hubiera sabido!”, dicen algunos.
Yo había visto, en enero de este año, la entrevista que le hizo Cristián Warnken, cuando el Presidente ya lo había anunciado como su próximo ministro de Hacienda. Fue una hora dedicada a su infancia, sus lecturas y su manera de mirar el mundo. Allí estaba el autor de cuentos pendientes, el lector de Borges y de Parra. No era precisamente un desconocido.
La oposición, por su parte, se anticipó entonces a cuestionarlo: que su experiencia provenía principalmente del mundo privado; que había actuado como perito para empresas que posteriormente fueron condenadas por colusión. Lo documentado es que peritó, no que se coludió. Y que no tenía el perfil que requería el cargo.
Después vino el alza de las bencinas. Las redes no se lo perdonaron. Frío, insensible y otros epítetos bastante menos amables comenzaron a acompañar su nombre.
Apenas seis semanas después de asumir, el Presidente firmó un proyecto articulado en cinco ejes que, en agosto, terminó convertido en ley. Una reforma de esa magnitud no se escribe en seis semanas. Venía estudiada y pensada desde mucho antes.
Y quien está dispuesto a defender con tanta determinación una ley cuyo objetivo final es recuperar empleo, sabiendo además el costo que puede pagar en las encuestas, difícilmente actúa desde la indiferencia. Actúa desde una convicción.
Se puede discrepar de esa convicción, de sus prioridades o de sus decisiones. Lo que resulta más difícil es sostener que detrás de ellas no hay una idea de país y de interés por el futuro de Chile.
Nunca es tarde para aprender, que se deben mirar un poco más, antes de juzgar.
Iris Boeninger