La economía global ha enfrentado grandes shocks en los últimos años: el giro proteccionista de Estados Unidos y otras medidas destinadas a reducir su dependencia de China; las guerras y crecientes tensiones geopolíticas, y, más recientemente, la revolución de la inteligencia artificial (IA). Los dos primeros han elevado la incertidumbre, debilitado el sistema de comercio internacional y añadido presiones inflacionarias, con efectos adversos sobre el crecimiento global. La revolución de la IA, en cambio, está impulsando con fuerza la inversión en centros de datos e infraestructura eléctrica, así como en las industrias proveedoras de equipos y componentes. A juzgar por revoluciones tecnológicas anteriores, también tiene el potencial de elevar la productividad y el crecimiento mundial, aunque también generará ajustes en los mercados laborales.
La buena noticia es que, hasta ahora, la economía mundial ha resistido estos shocks mejor que lo que se temía inicialmente. Sin embargo, los riesgos siguen presentes: hostilidades prolongadas en el Medio Oriente podrían mantener los precios del petróleo altos y volátiles durante más tiempo, afectando el crecimiento, y las dificultades para controlar la inflación en Estados Unidos podrían llevar a tasas de interés internacionales más altas y a una mayor volatilidad de los precios financieros. En consecuencia, el escenario externo que enfrenta una economía pequeña y abierta como la chilena es hoy más incierto, más proteccionista y, probablemente, menos dinámico que el de las décadas anteriores.
Paradójicamente, este escenario también abre oportunidades particularmente favorables para Chile, relacionadas con dos grandes transformaciones de la economía mundial. Por una parte, la transición hacia energías limpias y el extraordinario crecimiento de los centros de datos requerido por la IA están elevando la demanda por cobre y otros minerales críticos. Por otra, gobiernos y empresas buscan diversificar sus cadenas de suministro y reducir su dependencia de unos pocos proveedores de cobre, litio, tierras raras y materiales críticos.
Chile se encuentra así ante una oportunidad excepcional para utilizar su base de energías limpias y materiales críticos, así como su infraestructura de comunicaciones y conectividad, con el fin de ampliar la producción y exportación de bienes y servicios basados en estos recursos y desarrollar actividades asociadas a ellos. Sin embargo, estas oportunidades no se materializarán por sí solas. Para aprovecharlas se requiere remover las barreras internas que frenan la inversión, el empleo formal y la productividad. Se trata de las mismas reformas necesarias para dar un salto en el crecimiento tendencial, pero que Chile postergó durante más de una década. Ahora bien, parte de esa agenda de reformas comienza hoy a abordarse.
La recientemente aprobada Ley de Reconstrucción Nacional avanza en esa dirección, mediante medidas que crean un marco más favorable y predecible para la inversión: la simplificación y agilización de los permisos; la reducción gradual de la tasa del impuesto corporativo hacia el promedio de la OCDE; la integración del impuesto corporativo con el impuesto a los ingresos personales, y la invariabilidad tributaria. En conjunto, estas reformas contribuirán a impulsar la inversión agregada, elevar la productividad y aumentar el crecimiento tendencial.
Asimismo, el gobierno prepara una reforma del mercado laboral, recogiendo propuestas tanto de la reciente mesa de reactivación laboral como de proyectos presentados por administraciones anteriores que aún se discuten en el Congreso. El objetivo es impulsar el empleo formal y elevar la participación laboral, especialmente de mujeres y jóvenes. Entre las principales medidas se encuentran flexibilizar la ventana de semanas utilizada para calcular el promedio de horas trabajadas bajo la Ley de 40 Horas; reemplazar la indemnización por años de servicio por una indemnización a todo evento, para favorecer la movilidad, contratos de mayor duración y la capacitación en el empleo; facilitar la polifuncionalidad, de modo que empresas y trabajadores puedan adaptarse mejor a los cambios tecnológicos; avanzar hacia la sala cuna universal, y reducir la brecha de jardines infantiles para niños de dos a cuatro años. Aunque actúan a través de mecanismos distintos, estas medidas apuntan a reducir barreras a la contratación, particularmente de mujeres, facilitar la adaptación de empresas y trabajadores, y ampliar la participación en el mercado laboral.
La implementación exitosa de estas reformas, sumada a las oportunidades que ofrecen los minerales críticos, podría dar un nuevo impulso al crecimiento, como ocurrió con el proceso de reformas y consolidación institucional iniciado a mediados de los años ochenta. En conjunto, estas iniciativas podrían elevar el crecimiento al rango de 3% a 3,5% durante el período 2027-2030 y, si las reformas se profundizan, acercarlo al 4% hacia fines de la década.
Chile completa más de una década de bajo crecimiento, que ha frustrado las expectativas de progreso de la población y ha llevado a revalorizar la importancia de crecer. Así, el país enfrenta hoy una oportunidad excepcional. Aprovecharla dependerá menos de la fortuna que representan sus recursos naturales que de su capacidad de avanzar en remover las barreras que todavía frenan la inversión, el empleo formal y la productividad. Vittorio Corbo