Señor Director:
Laurence Golborne relata que hace 16 años, en calidad de ministro de Minería, propuso en este espacio derogar la anomalía regulatoria del litio. Describe a continuación lo pobre que ha sido el desarrollo bajo ese marco y reafirma, por tanto, su convicción de que normalizar es el camino correcto. Pero a continuación, en un giro insólito, descarta hacerlo porque “no parece tener hoy la viabilidad política necesaria”.
¿En qué universo no conviene ni siquiera intentar las políticas que uno juzga correctas? Hay que enfrentar la discusión legislativa, preparar la mejor defensa y si perdemos, perdemos. De eso se trata la democracia.
Y ese debate no es una quijotada ni mucho menos. La excepcionalidad del litio: 1) se fundó en 1981 sobre argumentos ahora doblemente obsoletos, porque su uso probó no ser nuclear y porque Chile está hoy lejos del 40% de las reservas; 2) es una rareza a nivel mundial que descoloca a los extranjeros, y la derogación no precisamente una bandera ideológica de la extrema derecha, sino solo una normalización; 3) en estos 45 años ha demostrado ser una barrera a las inversiones, como el propio Golborne explica en extenso, y 4), solo porque refuto su argumento de viabilidad política, fue impuesta en dictadura, ¿defenderá a voz en cuello la oposición una decisión inconsulta de Pinochet que resulta tan atípica a nivel mundial como los senadores designados?
De los 118 elementos químicos, el litio es el único no concesible. No porque sea un elemento excepcional sino solo por una extravagancia fósil de la legislación chilena. Ante semejante anomalía, la carga de la prueba la tienen quienes la defienden, no quienes abogamos por normalizarla.
Joaquín Barañao
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