El gobierno de EE.UU. invitó a Chile a integrar una Fuerza de Tarea Conjunta para contrarrestar las amenazas de seguridad y “responder rápidamente a las crisis en todo el hemisferio occidental”. En un evento en Ciudad de Panamá se explicitó que la Fuerza de Tarea —continuadora de la operación de bombardeos a lanchas que supuestamente transportaban drogas en el Caribe— proveerá “mando y control unificados, táctico y operativo” de los países del denominado Escudo de las Américas, a cuya constitución asistió el entonces Presidente electo, José Antonio Kast. El gobierno de EE.UU. considera que Chile es parte de esta alianza.
La administración de Donald Trump busca no solo que los gobiernos participen en sus iniciativas, sino que se alineen con sus políticas. Un video de días pasados del Departamento de Estado, en línea con la revivida Doctrina Monroe, manifiesta que el dominio de EE.UU. sobre América Latina “nunca más será cuestionado”.
Washington también exige que los países eleven su gasto militar —no el de las organizaciones policiales— en una región libre de armas nucleares, acordada como Zona de Paz, y sin guerras interestatales por décadas. El subsecretario de Guerra estadounidense calificó de “absurdo” el bajo gasto militar, dando como ejemplo el 3,5% del PIB de la OTAN.
El jefe del Pentágono, Peter Hegseth, advirtió en Panamá que para Donald Trump el gasto en defensa “no es un juego”. En Chile, el gasto militar ha dependido de nuestra capacidad disuasiva y del interés nacional. Hegseth aprovechó de conminar a los gobiernos convocados a abandonar la Corte Penal Internacional, cuyo estatuto Chile reconoció mediante una reforma constitucional.
El Escudo de las Américas y la Fuerza de Tarea conforman una alianza militar que puede involucrar operaciones militares conducidas por EE.UU. contra grupos criminales declarados como “terroristas” por Washington. ¿Chile se hará parte de esas acciones bélicas contra la soberanía de otros Estados, violatorias del derecho internacional? Estamos frente a un camino sumamente peligroso y contrario a los principios de la política exterior de Chile.
La cercanía ideológica con Trump no asegura beneficios tangibles. El arancel del 12,5% impuesto por EE.UU. a las exportaciones chilenas, porque nuestro país facilitaría el “trabajo forzoso”, ha sido un golpe discriminatorio que viola el tratado bilateral de libre comercio —como también aconteció en su momento con el arancel del 10% parejo— y demostró la inutilidad de la declaración del canciller de que EE.UU. es nuestro “principal socio estratégico”.
El embajador de EE.UU. en Chile, en un tono imprudente, les llamó la atención públicamente a los ministros chilenos que no forman parte de la negociación comercial por opinar con “comentarios provocativos que socavan la habilidad” del colega de la Cancillería. Es el nuevo estilo de la diplomacia de Trump.
El alineamiento es una ruta aventurada para los intereses nacionales y la tradición diplomática de autonomía frente a las presiones externas. Pareciera que ya estamos en esa senda.
Una señal fue el retiro de Chile del Movimiento de los Países No Alineados, una decisión errada, pues no costaba nada mantener la membresía en un bajo perfil, aprovechando los contactos con países de África y Asia, para contrarrestar iniciativas potencialmente contrarias a Chile como cuando —doy testimonio— durante el juicio en la Corte Internacional de Justicia por la demanda marítima boliviana contra Chile, bloqueamos en los No Alineados un intento de Bolivia de obtener solidaridad a su infundada demanda. Además, en un momento en que Chile postula con Valparaíso a la sede de la secretaría del Tratado de Altamar (BBNJ), retirarse del grupo que apoyó la candidatura de la ciudad puerto es un desatino que puede costar votos.
China, nuestro primer socio comercial y fuente de inversiones, es un objetivo clave de la ofensiva estadounidense en la región. “Defenderemos nuestro hemisferio contra amenazas externas”, afirmó el jefe del Pentágono. Días atrás, EE.UU. acusó a Chile y otros 39 países de ayudar a China a evadir aranceles.
El Gobierno debe reflexionar detenidamente sobre el rumbo de la política exterior. Chile debe salvaguardar su soberanía y negociar con serena firmeza, desde una posición autónoma respecto a EE.UU. y China, buscando un equilibrio pragmático que atienda a nuestros intereses nacionales.
Heraldo Muñoz
Fue canciller de Chile entre 2014 y 2018