El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, cerró el martes definitivamente la puerta a la posibilidad de que el Gobierno respalde la idea de establecer un feriado el jueves 17 de septiembre. Ello, luego de una confusa señal anterior suya, en que pareció mostrar apertura a evaluar el respectivo proyecto de ley. El martes, sin embargo, se alineó con la posición de rechazo que expresara el ministro Claudio Alvarado, y precisó: “el 17 va a ser día de trabajo”.
Pero, aun así, el tema no termina de despejarse. Por una parte, la diputada Zandra Parisi, del Partido de la Gente, impulsora de la iniciativa, ha reaccionado al rechazo recordándole al Gobierno que necesita 89 votos en la Cámara para sacar adelante algunas de sus reformas, en lo que parece una velada amenaza, considerando que hasta ahora los votos del PDG han sido claves para aprobar iniciativas del Ejecutivo. Pero, además, visualizando la popularidad que parece tener la idea, el Partido Comunista anunció ayer su propia moción sobre el tema.
Tal vez parte de las expectativas se habrían evitado sin las declaraciones iniciales del ministro Quiroz. Sin embargo, la posición final anunciada por él es sin duda la correcta. Chile ya tiene establecidos como feriados de Fiestas Patrias el 18 y 19 de septiembre, ambos además irrenunciables para buena parte de los trabajadores del comercio. Este año, esas fechas corresponderán a un viernes y a un sábado, de modo tal que las personas ya dispondrán de un fin de semana largo para dedicarlo a los festejos. Añadir a último momento un día más no es otra cosa que un gesto demagógico, una forma de granjearse simpatía ciudadana imponiendo a otros pagar los costos por ello.
Porque, en efecto, un día laboral menos sí tiene costos importantes. Empresas —pequeñas y medianas, especialmente— deben reorganizar turnos, postergar operaciones y asumir interrupciones que no afectan por igual a todos los sectores. También existen actividades productivas y servicios que simplemente no pueden detenerse, por lo que mientras algunos trabajadores disfrutan del descanso adicional, otros deben mantener sus labores y ser remunerados extraordinariamente por ello. Es cierto que eventualmente el turismo y el comercio local podrían obtener algún beneficio, pero difícilmente ello compensará la afectación del resto. De hecho, trabajos académicos que han intentado estimar el costo de un feriado, lo sitúan entre 0,25 y 0,4 puntos en la medición de Imacec del mes correspondiente
Hay, además, un problema de coherencia legislativa. Chile ya cuenta con una regla permanente para situaciones excepcionales: la Ley 20.983 establece que el 17 de septiembre será feriado cuando el 18 y 19 coincidan con sábado y domingo, respectivamente. Seguir improvisando añadidos a esa disposición —como lo hizo la administración Boric para las Fiestas Patrias de 2022— para ganar popularidad no es propio de un país serio. Más que sumar días libres mediante decisiones circunstanciales, Chile necesita reglas predecibles y un equilibrio responsable entre descanso, celebración y actividad económica. Es de esperar que la demagogia no prime y que el Congreso ponga freno a una iniciativa como esta, por lo demás inadmisible al no contar con el patrocinio del Ejecutivo.