Señor Director:
La carta (ayer) de los decanos de Artes, Humanidades y Ciencias Sociales plantea una preocupación que compartimos en su sentido más profundo. Chile necesita desarrollar más y mejor ciencia y tecnología, pero difícilmente alcanzará su desarrollo si restringe los espacios de aquellas disciplinas que nos permiten comprender al ser humano en su integralidad, sus interacciones y los enormes desafíos que enfrentamos como sociedad incluso con la gran irrupción de nuevas tecnologías. El ser humano debe estar siempre por delante de cualquier ciencia aplicada o tecnología, porque además es quien la desarrolla.
Por otra parte, la definición de áreas prioritarias en investigación fundamental es un ejercicio de política industrial aplicada a la ciencia. Puede ser una herramienta legítima para orientar los recursos escasos hacia el desarrollo de conocimiento en problemas urgentes del país, pero no está exenta de desafíos y debe utilizarse con especial prudencia. La investigación fundamental también requiere permitir la libertad creativa y ausencia de barreras y condicionamientos para formular nuevas preguntas. Es por esto que el ecosistema nacional de I+D ha desarrollado otros instrumentos de apoyo para la ciencia aplicada y tecnologías.
También debemos reflexionar sobre la exigencia de residencia definitiva para investigadores extranjeros que postulen a Fondecyt de Posdoctorado. Aquí confluyen al menos dos objetivos igualmente válidos, pero que compiten entre sí. Por una parte, favorecer la inserción al sistema nacional de investigación a doctores connacionales e investigadores con residencia definitiva y, al mismo tiempo, mantener a Chile como un polo abierto al máximo talento internacional con las menos restricciones posibles. Chile necesita de ambos si quiere avanzar.
Nuestra ciencia se fortalece cuando nuestros investigadores interactúan con el mundo y cuando investigadores del mundo eligen venir a investigar en Chile. El desafío es construir una política científica equilibrada capaz de conjugar ambos objetivos.
En relación a los magros recursos disponibles, nuestro país debe convencerse de que el único camino al desarrollo pasa por la educación y el conocimiento.
Juan Carlos de la Llera
Rector Pontificia Universidad Católica de Chile