Ha dado mucho que hablar el contraste entre la política de nuestro gobierno de considerar a los Estados Unidos como un socio estratégico primordial y el castigo que aquel le propinó a nuestro país con la imposición de una tasa arancelaria de 12,5%, con la excusa de que no controlamos nuestro comercio con naciones que emplearían trabajo esclavo. Esta sanción, además, contradice el TLC entre ambas naciones, vigente desde hace veinte años.
En el fondo, ha quedado en claro que aquel gobierno solo privilegia sus intereses, por encima de las afinidades ideológicas que podamos compartir. Debemos tener muy en claro que a los Estados Unidos no le interesa tener socios, estratégicos o no, sino simplemente seguidores incondicionales o vínculos que favorezcan sus intereses. En ningún caso vínculos de beneficio mutuo.
Con todo, las declaraciones de nuestro gobierno que previamente destacaban una cercanía particular con los Estados Unidos tampoco habían sido afortunadas, pues recordaban aquello del “hermano mayor” de Allende respecto de la entonces Unión Soviética, episodio de triste memoria. Declaraciones de ese tipo no van con nosotros. Nuestra política internacional se debe cimentar en una línea definida y mantenida en el tiempo. Somos un país pequeño y de fuerza militar débil, pero debemos mantener con habilidad la autonomía necesaria para alcanzar nuestras metas.
En la actualidad nos tocan muy directamente numerosos frentes complejos que nos obligan a ser particularmente cuidadosos con nuestros planteamientos. En particular, la Antártica es un tema candente, cuya trascendencia se incrementará a medida que se acerca el final del Tratado Antártico (2049). Tenemos, además, otros temas muy significativos: el debate de la Alta Mar, con sus recursos pesqueros; el de los Fondos Marinos, con sus recursos minerales, en el cual los Estados Unidos están abiertamente en contra de nuestros intereses. Y quizás no tan lejano como pueda parecer, la disputa por la Luna y el ATLAC (Equipo de Acción sobre Consultas relativas a las Actividades Lunares), grupo de 53 países a los que Chile se unió en abril pasado.
No podemos ser “hermano menor” de nadie. Debemos tener muy presentes las veleidades e intereses de los países, aunque sean contrapartes comerciales. Debemos estudiar detenidamente y plantear los escenarios correspondientes teniendo presentes esos otros intereses y la ausencia de compromisos de cualquier tipo con que las demás naciones los enfrentan.