Señor Director:
Son niños, más bien recién nacidos, cuya vida desde sus primeras horas está marcada por la droga a la que estuvieron expuestos durante todo el embarazo. Al nacer tienen síndrome de abstinencia, lloran mucho, probablemente de dolor, del impacto de la luz, del ruido, tienen temblores y solo en algunas maternidades del país aplican el protocolo para disminuir el impacto de esa “primera experiencia”.
El resto de las consecuencias —neuromotoras, cognitivas, conductuales— los acompañará probablemente toda su vida. Su futuro se definirá en los siguientes cinco días: o son institucionalizados, sin tratamiento, o la madre logra que la descubran y se lo lleva a seguir consumiendo con ella. Son el último eslabón en la cadena de la droga. Y en muchos casos sabremos de ellos por la prensa cuando tengan 12, 15 o 16 años y, como hoy, estemos discutiendo la desescolarización o el aumento de penas para adolescentes.
Todo por no atenderlos y tratarlos desde sus primeros días. Se puede. Es ahí adonde debiera apuntar una política pública y el esfuerzo de quienes deben velar por el bien superior de los niños. Ellos sufren, no están tratados ni son comprendidos en su discapacidad, sufren violencia por las dificultades que muestran y muchos terminan involucrados en violencia.
Salud estima en un 246% el aumento de niños en estas condiciones, abandonados en maternidades en los últimos cuatro años
Qué impotencia, porque desde Corporación La Esperanza, en el programa Naciste Tú, hemos demostrado que tratándolos desde sus primeros días, más aún rehabilitando junto a ellos a sus madres, podemos darles la oportunidad de desarrollar en la vida todas sus potencialidades en un marco de afecto. El resultado es conmovedor. A tiempo, esa es la clave.
Llevamos una década tratando de hacerlo visible y pidiendo al Estado que financie su tratamiento, que escale esta experiencia a política pública. A todo evento le sale más barato, pero sobre todo es justo. Hoy celebramos el Día del Niño; qué puedo decir: con dolor y esperanza pido que nos hagamos cargo de estos niños desde sus primeras horas de vida.
Ana Luisa Jouanne Langlois
Corporación La Esperanza