Señor Director:
Miles de personas que diariamente se trasladan entre comunas de Santiago enfrentan una situación que merece ser discutida: el costo de utilizar determinadas autopistas se ha transformado en una barrera para desplazarse por la ciudad.
Un trayecto que conecta sectores como Chicureo, Huechuraba y Ciudad Empresarial puede implicar un gasto diario significativo en peajes para quienes deben usar la autopista en ambos sentidos. Al multiplicarse por los días laborales del mes, este costo deja de ser marginal y pasa a influir en las decisiones de movilidad de las familias.
El problema es que, cuando una parte importante de los usuarios evita una autopista por su costo, la necesidad de desplazarse no desaparece. Simplemente se buscan rutas alternativas, muchas de menor capacidad, lo que aumenta la congestión, los tiempos de viaje y la presión sobre calles no diseñadas para ese flujo.
Las autopistas deberían contribuir a conectar la ciudad y descongestionarla, no generar incentivos para que miles de personas las eviten.
Por ello, sería necesario abrir una discusión sobre mecanismos que hagan compatibles los peajes con el uso cotidiano de estas vías. Podrían evaluarse tarifas diferenciadas para usuarios frecuentes, convenios o sistemas de abonos que reduzcan el costo efectivo de los desplazamientos habituales.
No se trata de eliminar el cobro, sino de preguntarnos si el modelo actual cumple su objetivo de mejorar la conectividad y reducir la congestión en Santiago.
María de los Ángeles Méndez Montero