Los partidos que dejaron La Moneda en marzo han dado visibles muestras de desorientación ahora que están en la oposición. Quizás, sus líderes no han asimilado todavía el cambio de escenario, sobre todo después de haber creído, en marzo de 2022, que les estaba reservada la misión histórica de transformar a Chile de pies a cabeza, y solo restaba esperar que, en julio de ese año, la Convención Constitucional les entregara el instrumento revolucionario: la Constitución que llevaría la firma de Gabriel Boric.
Las cosas no fueron como las habían imaginado. Lo que creyeron que iba a ser una epopeya casi terminó en desastre, pues no otra cosa habría sido la materialización del texto refundacional. En realidad, deberían estar agradecidos del Rechazo de septiembre de 2022. El país se salvó de un dislocamiento institucional, económico y social frente al cual el gobierno anterior no habría sabido qué hacer. Es evidente que no parecen haber reflexionado sobre las responsabilidades que cargan al respecto.
La impresión que dan los partidos de izquierda es que no se atreven a sacar las conclusiones de todo lo que pasó en los últimos siete años. Es lo que se deduce del documento del reciente congreso ideológico del Frente Amplio. Allí, se dice: “Como partido logramos impulsar transformaciones parciales, pero relevantes, aun enfrentando restricciones políticas e institucionales significativas. Gobernar implicó actuar bajo una correlación de fuerzas adversa, sin mayorías parlamentarias y en un contexto marcado por el reflujo del ciclo de movilización social y el fracaso de los procesos constituyentes. Esos factores limitaron la posibilidad de concretar cambios estructurales más profundos”.
Lo que llaman “el ciclo de movilización social” es, cómo no, el emocionante octubre que vivieron en 2019 y todo lo que de allí se derivó. Respecto de los “cambios estructurales más profundos”, que habrían quedado pendientes, tenemos información suficiente en el proyecto de Constitución que el FA ayudó a redactar, El documento reciente reafirma todo lo esencial, y hasta se permite un acto de franqueza: “Respecto del conflicto social, la lucha de clases sigue siendo una categoría explicativa central, pues la estructura fundamental de las tensiones contemporáneas continúa siendo económica y de clase”.
Hoy, el FA y el PC marcan la pauta de la acción opositora, y su principio fundamental es que, dado que el actual gobierno es de “ultraderecha”, cualquier intento de establecer acuerdos con él equivale a traición. O sea, más o menos la línea seguida contra Sebastián Piñera. En el trámite parlamentario de la Ley de Reconstrucción, se demostró que el PS, la DC y el PPD no alcanzan a representar un juicio autónomo que inspire cierto respeto.
¿A qué le temen los partidos opositores? ¿Quizás a una deriva autoritaria del gobierno en funciones, que implique un riesgo vital para el régimen de libertades? No da la impresión, pues en general se les ve relajados. ¿A una política de eliminación de derechos sociales garantizados que perjudique a los sectores vulnerables? No se aprecia tal propósito oficialista. ¿A la posibilidad de que Kast lleve a cabo una gestión que sea valorada por la mayoría del país? Parece que aquí andamos cerca.
Desde hace mucho tiempo, la izquierda está convencida de tener el monopolio de la sensibilidad social, en el marco naturalmente de la matriz de interpretación clasista de la sociedad, lo que lleva a depositar sus mayores expectativas de avance en el rol dominante del Estado. El gobierno de Boric siguió las aguas del segundo de Bachelet e intentó navegar en esa dirección. Es el momento de reconocer que los exconcertacionistas evitaron males mayores.
Sería positivo que los partidos opositores precisaran lo que desean para la nación, que mostraran disposición para dialogar de buena fe y buscar cómo mejorar lo que tenemos, cómo reforzar las libertades y conseguir que la economía rinda mucho más para que la vida sea menos incierta. Es comprensible que cuiden sus intereses y traten de ganar el favor de los ciudadanos, pero hay tareas nacionales que debemos enfrentar entre todos.
El país tiene hoy una oportunidad de progreso. El miércoles 29 de julio, Kast asistió al seminario anual de Infra Chile, y allí dijo: “Chile ya demostró que puede construir con audacia cuando el sector público y el sector privado caminan juntos (…). Eso se logró en base al consenso y a liderazgos claros como el de los presidentes Aylwin, Frei y Lagos”.