Señor Director:
La libertad religiosa equivale al derecho de profesar un credo y practicar un culto, pero no alguno en particular, y supone asimismo la posibilidad de no profesar ninguno. De ahí que la actitud del Estado en esas materias deba ser neutral, es decir, tratar con igual respeto y consideración a todas.
Ello no impide, desde luego, que los ciudadanos, como el profesor Ugarte, incluso esgrimiendo pintorescos argumentos y simulando las disputationes medievales, puedan pensar que una de esas opciones es incuestionablemente la verdad y todas las otras los errores. Al Estado, en una sociedad abierta, una actitud como esa le está vedada.
Carlos Peña