Señor Director:
¿Cómo explicar que, en pleno siglo XXI, existan personas que aún no tengan dónde comprar un remedio?
En Visviri, sus 684 habitantes viajan más de 200 km. En Villa O’Higgins, los 612 vecinos dependen de Cochrane, a 220 km de distancia. Estos son algunos ejemplos que muestran que el problema no es solo geográfico: es regulatorio.
La normativa fue diseñada para el modelo tradicional de farmacia y termina excluyendo a las zonas de baja densidad. No es que el mercado haya fallado; simplemente, no se le ha permitido entrar.
Algunos proponen obligar a las cadenas a instalarse donde hoy no operan. Es una mala solución. Una farmacia sostenida por mandato y no por demanda, difícilmente será sostenible y termina trasladando sus costos a los usuarios o al Estado. Además, evita discutir el verdadero problema: las barreras regulatorias que impiden operar en esos lugares.
Es hora de liberar, no de administrar: permitir que los medicamentos de uso frecuente se vendan también en supermercados y fortalecer la venta online con receta electrónica, hoy ya contemplada en la normativa chilena. Dejemos que la competencia acerque los medicamentos a quienes más los necesitan. Porque la libertad de elegir dónde comprar un remedio solo existe cuando, antes que nada, hay un lugar donde comprarlo.
Paula Daza
Directora ejecutiva de CIPS UDD