Justificadas críticas ha recibido el Partido Comunista por su próxima participación en un coloquio destinado a conmemorar el centenario del nacimiento de Fidel Castro, en La Habana: “Fidel: legado y futuro”.
El anuncio reactivó el debate en Chile sobre la postura del PC frente al régimen caribeño y otras dictaduras de izquierda. Más allá del derecho de cualquier colectividad a establecer los vínculos internacionales que estime, las relaciones políticas expresan convicciones y principios. Conmemorar el aniversario de quien fundó un régimen que anula las libertades, impide el pluralismo y reprime las disidencias, supone adherir y legitimar aquello. Cuba no es simplemente un país con dificultades económicas o un proyecto político alternativo. Se trata de un Estado de partido único, donde la competencia política está prohibida, la oposición carece de espacios legales reales y la libertad de prensa no existe. Y respecto del evento mismo, basta leer la información oficial para advertir de qué se trata: “Fidel Castro Ruz continúa siendo faro de pensamiento anticolonial, de resistencia y de lucha por un mundo más justo. Su legado nos interpela”, dice la nota de prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano.
En rigor, nada de lo anterior es de extrañar. El Partido Comunista chileno, que fue por décadas un disciplinado aliado de la antigua Unión Soviética, hizo luego de Cuba un paradigma. Pero, además, sigue definiéndose como leninista y actuando en consecuencia. Y no se trata solo de gestos reveladores como fueran sus sentidas condolencias al sanguinario régimen de Corea del Norte tras la muerte de Kim Jong Il. También cabe notar lo que han sido sus actuaciones de los últimos años en nuestro propio país, como su llamado a la renuncia del presidente Piñera el 19 de octubre de 2019, su papel durante el estallido o su rol en la Convención Constitucional de 2021-22, la misma a la que antes pretendió rodear, usando la “calle” para imponer sus posiciones.
Con todo, debe reconocerse que el PC es transparente en sus convicciones, como volvió a mostrarlo ayer su timonel en entrevista con este diario, donde definió como referentes a Lenin, Mao y al propio Castro, y hasta recurrió a la figura del patriota José Martí (muerto en 1895) para justificar el actual régimen de partido único cubano. Lo verdaderamente sorprendente es que todo eso pareciera hoy serle indiferente a la centroizquierda chilena, la misma que hace décadas entendió lo que eran los socialismos reales e inició un notable proceso de renovación. Sin embargo, abrazando ahora como dogma la idea de “la unidad”, el sector ha terminado sometiéndose a la hegemonía de la izquierda más dura y empequeñeciendo su propio caudal electoral. Y es que asociarse con quienes ven en el castrismo un “faro” es cuestionable desde el punto de vista de los principios democráticos, pero además puede terminar siendo un suicidio político.