Señor Director:
Las reacciones ante la reciente alza de aranceles de Estados Unidos recogidas por este diario reflejan bien la falta de comprensión imperante en Chile sobre el comportamiento transaccional de las grandes potencias, donde las medidas económicas son herramientas de presión para objetivos distintos a los beneficios netos.
Sin ahondar en el lugar común de que los países no tienen amigos, sino intereses, las políticas proteccionistas del actual gobierno estadounidense buscan fortalecer la economía local generando más ingresos para competir, en última instancia, con China. Que vaya a cumplirse este objetivo es otro tema. En tal sentido, no hay tratado de libre comercio que resista cuando se trata de reducir la dependencia de cadenas de suministro extranjeras, cuidar sectores estratégicos o intentar corregir desequilibrios percibidos.
Lo mismo aplica en el caso de China, que viene promulgando una serie de normas, como los decretos 835 y 837, para contrarrestar medidas injustificadas adoptadas fuera de su territorio que lesionen sus intereses, a la vez que introdujo la lógica de seguridad nacional en sus inversiones en el exterior, apuntado a tecnologías de punta y recursos críticos.
Todo esto obliga, con urgencia, a desarrollar mecanismos de revisión de inversiones extranjeras en sectores estratégicos, acelerar la diversificación de mercados, mapear las vulnerabilidades del comercio exterior e identificar las fortalezas en las cadenas de suministro globales. Pero también a dejar atrás la idea de que cercanías de coyuntura son garantías para Chile. De eso trata la seguridad económica.
Juan Pablo Toro
Senior research fellow AthenaLab