Señor Director:
¿En cuál de todos los ejemplos que puse en mi última columna no se cumple el argumento de que el Estado encarece nuestra vida haciéndonos más pobres? ¿En el de la vivienda que por impuestos y regulaciones aumenta en más de 30% según estudios especializados? ¿O será en el caso de los combustibles, donde la mitad de lo que pagamos son impuestos? ¿O tal vez las carreras universitarias, que debido a regulaciones estatales son artificialmente largas, incrementando su costo en 40% o más?
Espero la respuesta de Rafael Pastor y que explique también, ya que estamos en esto, cómo ocurre que, milagrosamente, las alzas de impuestos a las empresas —y todos los impuestos en general— no salen del bolsillo de los chilenos empobreciéndonos.
Axel Kaiser