Señor Director:
La indicación aprobada para prohibir el anatocismo busca aliviar la carga de los deudores, pero el análisis técnico advierte incluso efectos opuestos. Un aspecto crítico es que, al impedir la capitalización de intereses en casos de incumplimiento, se reduce la recuperación de los préstamos, lo que eleva la pérdida esperada de las carteras. Este mayor riesgo se traducirá inevitablemente en tasas de interés más altas para todos los clientes —cumplidores e incumplidores— y en condiciones de otorgamiento más exigentes.
Tal como lo muestran simulaciones aportadas por el Banco Central, lejos de reducir costos, para compensar el valor del dinero en el tiempo, la tasa mensual podría subir entre un 10% y un 20%.
Además, la medida restringe productos esenciales para personas naturales y pymes. Sin la posibilidad de capitalizar intereses devengados, los depósitos a plazo renovables desaparecerán; las líneas de crédito rotativas y las repactaciones de deuda se vuelven muy complejas, dejando al deudor con dificultades transitorias sin opciones para normalizar su situación. Finalmente, se daña el ahorro nacional: millones de tenedores de cuentas de ahorro a plazo verán reducida la rentabilidad de sus ahorros, afectando también los fondos para la vivienda.
Nuestra legislación ya limita el anatocismo y prohíbe la capitalización del interés sobre mora. Persistir en una prohibición total, inédita en el mundo, solo generará exclusión y mayores costos para quienes se pretende proteger.
Sin ningún beneficio claro, y con costos evidentes sobre la mesa, es esperable y razonable que el Ejecutivo vete esta medida.
Christian Larrain
Exvicepresidente de la CMF