Chile fue un caso exitoso de transición desde un régimen militar a una democracia. En este proceso fue clave una mediación intensa que se inició en los últimos años del régimen y que continuó durante los primeros gobiernos democráticos. En esta tarea fueron claves diversos centros de estudio y también algunas universidades, pero sobre todo los primeros. Y entre estos, le correspondió un papel decisivo a Cieplan. Este, si bien tuvo sus orígenes en el Instituto de Economía de la Universidad Católica, se estableció en 1976 como una corporación independiente que desarrolló una vasta labor en la producción de análisis económicos y propuestas de política pública. Fue reconocido por sus cuestionamientos a las políticas económicas del régimen militar, pero también por un análisis balanceado de las alternativas que se discutían en distintas latitudes. Cincuenta años después de su creación, ha decidido cerrar definitivamente sus puertas.
Clave en los inicios de Cieplan fue la integración de una serie de profesionales de primer nivel, con doctorados en las mejores universidades del mundo. Luego, durante su existencia, incorporó a jóvenes talentosos de las más destacadas universidades nacionales, varios de los cuales cursaron también programas de doctorado y desarrollaron sus propios aportes a las políticas públicas. Una vez recuperada la democracia, sus profesionales más emblemáticos asumieron altos cargos en el nuevo gobierno y también en los siguientes. Ellos fueron decisivos para articular una transición distinta de la que habían imaginado los sectores políticos que conformaron la primera administración democrática. En efecto, predominaba inicialmente allí la visión de una economía mucho más planificada y con mayor participación del Estado en la actividad productiva. Los fracasos del gobierno de Raúl Alfonsín y de Alan García en su primera administración, así como las dificultades económicas de José Sarney en Brasil, llevaron a repensar ese camino. En esta reflexión, Cieplan fue fundamental. Se consolidó, entonces, una estrategia que combinaba continuidad y cambio, y que estuvo a la base del gran progreso registrado por el país durante casi tres décadas.
Por cierto, esa decisión no estuvo exenta de críticas desde sectores afines a la nueva coalición política, pero hubo fuerza para enfrentarla. Contribuyó decisivamente una oposición que entendió que, para preservar las transformaciones modernizadoras del régimen militar, era necesario acoger también las reivindicaciones de aquella parte de la población que había sido opositora a ese régimen e incluso había sufrido graves violaciones a sus derechos. En ese contexto, fue posible construir grandes acuerdos que dieron estabilidad y desarrollo. El derrumbe de los socialismos reales terminó de fraguar una mirada de futuro, siempre debatida, pero que tenía grados importantes de convergencia.
En la actualidad los centros de estudio de centroizquierda se han debilitado. Con ello se perdió una discusión muy valiosa que beneficiaba a la política nacional. Más allá de las visiones culturales o ideológicas, el mundo político requiere de estas deliberaciones para abordar los problemas públicos. En caso contrario, el debate se empobrece y la paradoja es que la propia política, a pesar de la desconfianza hacia el juicio experto, se debilita. En este sentido, la incapacidad que tuvieron esos centros de estudio de sostenerse en el tiempo, después de que sus líderes iniciales los dejaran para ocupar puestos de gobierno, ha generado un vacío que ha deteriorado la reflexión política en la centroizquierda. Con todo, la verdadera mediación ocurre en diálogo con centros de estudios de otras sensibilidades. Por eso, aunque los de centroderecha están en mejor pie, su influencia también se ha debilitado, al carecer de contrapartes fuertes. Así, es el funcionamiento de la democracia lo que se empobrece. Al terminar Cieplan, entonces, debe reconocerse su aporte a Chile, pero también lamentar que el país, y en particular la centroizquierda, no pueda ya sostener centros de esta calidad.