Con la promesa de “traer los mayores cambios en 40 años, un nuevo modelo político y un nuevo modelo económico”, asumió ayer el laborista Andy Burnham, séptimo Primer Ministro de Gran Bretaña en 10 años, un período de gran inestabilidad a partir del Brexit. Burnham es un laborista de izquierda, duro crítico de las políticas de Margaret Thatcher, a quien culpa por “40 años de neoliberalismo”, el mal estado de los servicios públicos y la “mayor concentración de riqueza en manos de unos pocos”. Dice tener un plan para los próximos 10 años, pero, después de desbancar a Keir Starmer, en lo inmediato, Burnham deberá entregar soluciones rápidas para responder a las demandas de los británicos, que reclaman por el alto costo de la vida, la inmigración, la salud, la educación y la escasez de viviendas.
El nuevo líder no es un recién llegado: ejerció varios cargos en ministerios en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, e incluso tuvo dos fallidos intentos de competir por el liderazgo del partido, pero fue como alcalde de Manchester que ganó popularidad y probó sus ideas. Ahora quiere replicarlas desde Londres, a escala mayor. Burnham es ambicioso, y así lo demostró en su primer discurso. Sus prioridades incluyen descentralizar el poder, transfiriendo autoridad, presupuestos y control de servicios a los gobiernos regionales; aliviar el costo de la vida; reindustrializar; reducir los costos sociales; aumentar el financiamiento para salud, educación y vivienda, y terminar con la situación de gente durmiendo en la calle.
Todo eso significa un presupuesto enorme, y la capacidad de endeudamiento británica está al límite. Para disponer de recursos, debe impulsar la alicaída economía, que en las últimas dos décadas ha crecido a un ritmo lento (1,5%), y no se ha podido recuperar, ni de la crisis financiera de 2008, ni del Brexit. Burnham ha dicho que buscará potenciar la inversión privada y pública, y para tranquilizar a los mercados después de señalar que iba a “buscar flexibilidad en la regla fiscal” para poder tomar más deuda, aseguró que sería “prudente” en su enfoque económico. Con el nombramiento de John Healey, exsecretario de Defensa de Starmer, mandó una señal a quienes temen que su discurso populista se concrete en las políticas del gobierno. En sus primeras declaraciones, Healey aseguró que el “control fiscal es el primer deber de un chancellor (ministro de Hacienda). Y es el mío. La responsabilidad fiscal es la piedra angular de la estabilidad económica y la seguridad nacional”. Será un desafío para el gobierno financiar los programas que ya ha anunciado Burnham (además de incrementar al 3% del PIB el gasto en defensa, un compromiso con la OTAN) sin tomar más deuda ni subir impuestos, algo que está en la plataforma laborista presentada en las últimas elecciones.
Algunas de las dudas se despejarán hoy, cuando Burnham haga anuncios específicos sobre cómo implementará sus medidas para aliviar la situación económica de las personas y en otras materias. El resto de su plan a diez años habrá que esperarlo para los próximos meses. Dada la rotación de premiers en Gran Bretaña es arriesgado hacer una proyección de tan largo plazo.