Señor Director:
“Cada aborto en el país es una señal de que, como sociedad, hemos llegado tarde”, afirmaba la expresidenta Michelle Bachelet al anunciar el proyecto que luego daría origen a la llamada ley de aborto en tres causales. Sus palabras parecían reconocer que el aborto supone una tragedia para todos los involucrados. La intensa polémica generada por la iniciativa “Escucha su corazón” —que merece ser discutida en sus propios términos— confirma la distancia entre el debate actual y los argumentos con que se promovió inicialmente aquella ley.
Quienes rechazan dicha iniciativa sostienen que esta pretende disuadir a la mujer de abortar. Sin embargo, la ley de tres causales fue promovida como una mera “despenalización”: su objetivo supuestamente era eliminar la sanción penal aplicable a ciertas conductas abortivas y no garantizar una prestación. Si se buscaba evitar el castigo del aborto en casos muy concretos, no debería ser problemático, en principio, intentar evitarlo o disuadir de esa práctica (otra pregunta es si la medida propuesta es adecuada para ese fin).
Asimismo, en la discusión legislativa de las tres causales muchas voces señalaron que no era determinante dilucidar si en el vientre materno había un ser humano vivo. Hoy, en cambio, se sostiene que hacer que la madre escuche los latidos antes de abortar es “tortuoso”, precisamente porque ella ya sabe que hay alguien vivo en su vientre.
Más allá de la disputa en torno al proyecto que hoy se debate, esa reacción confirma lo que todos sabemos: allí hay un individuo de la especie humana y esa realidad es profundamente significativa. El carácter “tortuoso” atribuido a la exposición de la madre a esos latidos es un reconocimiento de la magnitud de lo que está en juego.
Mostrar estas contradicciones permite volver al punto de partida: el aborto constituye una tragedia para todos los involucrados. Para la madre, cuyo embarazo vulnerable debe ser acompañado, pero también para el niño o niña que está por nacer. Con todos sus problemas, el proyecto —o, al menos, la polémica que ha despertado— nos permite recordar una realidad que muchas veces preferimos ignorar.
Rosario Corvalán A.
Claudio Alvarado R.
Instituto de Estudios de la Sociedad (IES)