Señor Director:
Ayer el desayuno en mi casa duró más de lo habitual. La razón fue simple: mi hijo de nueve años se tomó más tiempo para revisar, leer y comentar con nosotros las noticias y los titulares deportivos de “El Mercurio”.
Mientras lo miraba (un poco nerviosa por la hora) pensé en la importancia que tienen los medios de comunicación. Hace dos años decidimos suscribirnos al diario. Lo hicimos, principalmente, por nuestros hijos, para que crecieran comprendiendo la importancia de leer, de informarse y de valorar las fuentes confiables.
Dos años después, siento que la tarea va por buen camino. Los desayunos se han transformado en espacios de conversación y en las tardes de fin de semana son cada vez más frecuentes las discusiones sobre columnas y noticias que despiertan nuestra curiosidad y nos llevan a cuestionar y manifestar nuestros puntos de vista
No desconozco el valor de la digitalización; por el contrario, es indispensable en el mundo actual. Sin embargo, esta experiencia me lleva a preguntarme cuántas conversaciones familiares, cuántos desayunos compartidos y cuántas discusiones constructivas hemos ido perdiendo por no tener el diario a mano, o simplemente sobre la mesa.
Tal vez su verdadero valor va mucho más allá de la información que entrega. Está en las conversaciones que provoca, en el pensamiento crítico que fomenta y en esos momentos en familia que ayuda a crear, precisamente cuando parecen ser cada vez más escasos.
Mónica Isla Donoso