Señor Director:
Hay sonidos que nos acompañan para toda la vida. Yo tuve que escuchar el latido de su corazón antes de una intervención por un aborto. Era parte del protocolo para que un segundo médico confirmara el diagnóstico y autorizara el procedimiento. Ese latido, esa imagen y ese momento quedaron grabados en mí para siempre.
Solo quienes hemos pasado por una experiencia así sabemos que un aborto nunca es una decisión simple. Es una pérdida inmensa y un dolor que deja una huella para toda la vida. Por eso me resulta imposible comprender que hoy existan personas que pretendan convertir ese sufrimiento en una obligación legal. Obligar a una mujer a escuchar ese latido antes de una intervención no protege a nadie, no cambia el diagnóstico ni evita el procedimiento. Solo agrega más dolor al dolor. Eso es crueldad.
Cuando el Estado deja de acompañar y comienza a imponer sufrimiento, no estamos avanzando: estamos retrocediendo. No podemos permitir que iniciativas como esta prosperen. Representan un retroceso en los derechos de las mujeres y responden a posiciones extremas que buscan imponer sus convicciones por sobre la empatía y la dignidad de quienes enfrentan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Hoy alzo la voz por mí, por mi hija y por el futuro de las mujeres. Porque quiero que ella crezca en un país donde ninguna mujer vea sus derechos restringidos por posiciones extremas que confunden legislar con castigar. Defender esos derechos no es solo proteger a las mujeres de hoy, sino también a las generaciones que vienen.
María Belén Carmona Landerer