Una ''tormenta perfecta'' estaría afectando al periodismo profesional, según los informes que analizan la situación de los medios de comunicación social en el continente.
Acosados por las plataformas digitales, inhibidos por prácticas gubernamentales que intentan silenciar la crítica y la fiscalización del poder, amedretados por la violencia del crimen organizado, que impide el ejercicio profesional y debilitados por una crisis financiera estructural, los medios periodísticos enfrentan serios desafíos, que obligan a redoblar los esfuerzos para su valoración social, por su invaluable relevancia para toda sociedad democrática.
Según el Digital News Report 2026, del Reuters Institute, las comunicaciones sociales se enfrentan un momento de ''plataformización'', pues, por primera vez, el acceso a las redes sociales y a las plataformas de video supera a la demanda por los sitios de noticias. Si bien las audiencias reconocen la confiabilidad y verdad de los medios periodísticos -casos de conmoción social como el estallido de violencia, la pandemia o las emergencias naturales lo confirman-, en la cotidianidad, suelen privilegiar la cercanía y emotividad que ofrecen las redes, lo que da espacio a la proliferación de creadores de contenidos parcializados e influencers que exacerban el activismo, la reafirmación de las propias posiciones, la intolerancia y la cancelación, fomentando una polarización dañina para la convivencia.
A su vez, los líderes políticos recurren cada vez más a una relación directa con la ciudadanía, evitando así la fiscalización, la verificación, la neutralidad y la pluralidad de visiones propias del quehacer periodístico. Tampoco colabora con la valorización de este, la utilización de prácticas sensacionalistas a las que acuden algunos medios donde se exacerba la emotividad, la denuncia y la opinión, sin contrapesos, para captar audiencias.
A los desafíos propiamente profesionales, se suma la creciente persecución judicial, el abuso de restricciones excepcionales al libre, flujo informativo y los obstáculos en el acceso a la información que enfrentan los periodistas en diversos países. Debido a una acción gubernamental que intenta suprimir la crítica. Alarmante es también el elevado número de periodistas -25 profesionales murieron el año pasado- que pierden la vida, ejerciendo su labor en ambientes de extrema violencia.
A este escenario desalentador, se añade la debilidad económica de la provocada por la pérdida de ingresos que solían principalmente de la publicidad. Las profundas transformaciones que ha implicado la era digital, han dejado a los medios en una situación de vulnerabilidad. Ella se ve agravada por el aprovechamiento que las plataformas -y hoy también los sistemas de Inteligencia Artificial- realizan de los contenidos periodísticos, desconociendo autorías.
En este sentido, un estricto reconocimiento del derecho de propiedad intelectual es fundamental para salvaguardar la labor periodística, pero todas estas alarmas respecto de la situación de la prensa a nivel regional y también global constituyen al mismo tiempo una interpelación al propio periodismo, advirtiendo la necesidad urgente de ''volver a las raíces'', es decir, al reporteo, la investigación, la contextualización y el enfoque humano del acontecer de interés público, en un trabajo de jerarquización, contextualización y búsqueda de la verdad informativa.
La confianza social que concitan los medios, así como la demanda por verificación en un contexto de fake news, refuerzan la necesidad de contar con un periodismo vigoroso. La información social es un bien público indispensable para la vida en comunidad y un contrapeso esencial a la parcialización y la desinformación que circula por las redes sociales. Un sistema informativo basado en un periodismo que responda su responsabilidad social con estándares éticos, en un contexto social y normativo de respeto a la libertad de expresión y opinión, es fundamento para la sana convivencia democrática, hoy en riesgo en muchos países.