Señor Director:
La respuesta de Pablo Ortúzar a mi columna contiene varias imprecisiones. Primero, el Informe UC al que me referí no “levanta datos”, como dice Ortúzar, sino que analiza fuentes públicas: la OCDE, CASEN, MiFuturo y el Mineduc. Si Ortúzar discrepa de esos análisis, sería útil que precisara sus objeciones.
Sobre el Informe de la FNE, invitaría a Ortúzar a detenerse en tres puntos. Primero, que el cálculo de la FNE de 35% de programas con retornos negativos, que matriculan al 40% de los estudiantes (no al 50%), es para todo el sistema de educación superior; en las universidades, los matriculados con retornos negativos caen a 19% (Figuras 94 y 96). Segundo, que los promedios de los valores presentes netos (VPN) son altísimos para todos los tipos de universidades, empezando en $100 millones para las privadas fuera del CRUCh. Si eso no es una inversión conveniente, le pido a Ortúzar que precise su estándar. Tercero, el informe de la FNE refuerza mi punto: las diferencias en VPN están más entre carreras que entre universidades (ver Figuras 97 y 98).
Aun así, a diferencia de los datos de ingresos relativos, todo cálculo de VPN —incluidos los de la FNE y los del Informe UC— descansa sobre supuestos, sobre todo del salario contrafactual sin educación superior. De hecho, los VPN del Informe UC son mucho más optimistas que los de la FNE. Es por ello que estos cálculos requieren un análisis de sensibilidad, especialmente si se destacará tanto una cifra puntual que se obtiene de ahí. En otras palabras, sería útil saber cómo cambia, con otros supuestos razonables, ese 35% de programas no rentables que se ha repetido tanto.
Con todo, me alegra que con Ortúzar estemos de acuerdo en lo esencial. La existencia de carreras con retornos negativos —algo que sabemos desde el inicio de MiFuturo.cl, en 2012— exige cambios de política. El modo en que se estructura el financiamiento y los aranceles regulados y de referencia no entrega ningún incentivo en esa dirección. Pero, más de fondo, coincidimos en que debemos discutir la hiperespecialización y la duración de las carreras, y la anomalía de que las universidades entreguen títulos profesionales.
Loreto Cox
Escuela de Gobierno UC