Señor Director:
Para exportar, primero hay que producir. Y para producir, una economía no industrializada como la chilena necesita importar maquinaria, camiones y tecnología especializada. En sectores como la minería, disponer de equipos en stock no es un lujo: es lo que permite responder a un proyecto, evitar detenciones y convertir una oportunidad en inversión real.
Según el Banco Central, en 2024 las importaciones de maquinaria para minería y construcción cayeron 7,8% respecto de 2023, mientras las de camiones y vehículos de carga disminuyeron 2%. Aunque durante 2025 se observó una recuperación, la volatilidad confirma que las decisiones de inversión continúan excesivamente expuestas a la escasez de liquidez, al costo financiero y a señales regulatorias contradictorias.
El problema es que, al ingresar una máquina al país, la empresa debe pagar inmediatamente el 19% de IVA, aunque el equipo pueda permanecer meses sin venderse ni generar flujo. En una importación de US$ 1 millón, son US$ 190.000 que dejan de estar disponibles para financiar otro equipo, contratar técnicos, comprar repuestos o sostener la operación. Quienes trabajamos en terreno sabemos que ese capital no sobra: se financia con deuda, garantías personales y altos costos bancarios. El IVA luego se recupera, pero mientras tanto la empresa financia al Estado y la inversión queda detenida.
La solución es permitir que las empresas difieran ese pago hasta la venta o puesta en operación del equipo, sin recibir anticipadamente el crédito fiscal. No se trata de eliminar impuestos, sino de corregir un desfase que castiga precisamente a quien asume el riesgo de invertir antes de tener una venta asegurada. Chile no saldrá del estancamiento con más inmovilización de capital, sino facilitando que la liquidez permanezca donde puede transformarse en maquinaria operativa, proyectos en desarrollo, empleo y producción.
Ramón Rada Jaman
Economista