Señor Director:
La imagen viral del desencuentro entre las senadoras socialistas Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini no es solo una anécdota de pasillo ni una escaramuza más de redes sociales. Es el síntoma de algo más profundo: la pérdida de fraternidad en la vida interna de los partidos y en la política nacional, incluso en aquellos que hicieron de esa palabra una tradición histórica.
Que una dirigente trate públicamente de mentirosa a la presidenta de su propio partido, o que parlamentarios usen tonos ofensivos contra correligionarios o adversarios como el caso del diputado Daniel Manouchehri, muestra hasta qué punto la diferencia puede degradarse cuando la figuración personal pesa más que la convivencia política.
Antes existía la sofocante “razón de partido”, que imponía ostracismos, obediencias ciegas y degradaba militantes. Hoy parece reemplazada por algo no menos dañino: la “razón de figuración mediática”, esa necesidad de alimentar algoritmos, marcar diferencia a gritos y convertir cada discrepancia en espectáculo.
El contraste importa. El PPD, aun discrepando de aspectos centrales de la reforma tributaria, optó por respaldar cuidadosamente a sus senadores en el diálogo con el Gobierno. El Partido Comunista, pese a tensiones fuertes en torno a la candidata Jeannette Jara, logró procesar diferencias relevantes sin convertirlas en demolición pública; aunque declaraciones ocasionales de Daniel Jadue muestran que nadie está inmune a la tentación del agravio.
La fraternidad no exige unanimidad. Exige respeto, sentido de pertenencia y conciencia de que una democracia se degrada cuando la diferencia se vuelve funa, el debate se vuelve descalificación y la política adopta estilos disruptivos o vanidosos.
Lo grave, en este caso, es que Vodanovic parece ser castigada por dialogar. Y Chile necesita precisamente eso: más diálogo, menos sectarismo, menos polarización. Y políticos capaces de discutir con respeto y templanza, con convicciones que no confunden con cancelaciones. Cuando la política reemplaza la fraternidad por la performance, no solo se estanca un partido: se empobrece la democracia.
José Sanfuentes